entrevista. Miguel Ramis, Artesano · ´Picapedrer´
ESTEBAN MERCER. PALMA.
Miguel Ramis González es hombre joven con alma milenaria. Hombre del Renacimiento, con las armas tecnológicas del siglo XXI. En sus manos está el pináculo de la iglesia palmesana de Santa Eulàlia, pendiente de una restauración que se hace eterna. Se define como "artesano artista", de ahí el nombre con el que bautizó a su proyecto, Artifex, orientado a la formación continua de oficios tradicionales a través de las tecnologías de internet. El término, latino, se utilizaba en el gótico para definir a los constructores de iglesias y catedrales que no tenían límites, como él. Su historia revela una Mallorca que está cambiando, buscándose a si misma. Fue responsable de marketing de la hotelera Barceló en el momento de su máxima expansión empresarial. Y decidió abandonar para dedicarse a su auténtica pasión, la albañilería. Hijo y nieto de picapedrers había visto como la profesión de sus mayores había derivado hacía caminos que nada tenían que ver con la antiquísima tradición mallorquina.
Que el "todo vale no sirve" lo descubrió en 1985, cuando comenzó a restaurar él mismo su casa. Inició entonces un trabajo de investigación que le llevó a rebuscar en documentos, desde el siglo XIII a la actualidad. Necesitaba conocer las técnicas que han posibilitado que Sa Llonja siga en pie durante tanto tiempo. Las aprendió rápido y decidió darlas a conocer para que otros aprovecharan el conocimiento y para que no se perdiera uno de los oficios mas bellos del mundo. Creó entonces una escuela-taller, sólo para los mejores, para aquellos que después serán números uno. Ha publicado un centenar de páginas web con toda la información recopilada.
-¿Dónde estamos realmente? Parece el taller de Miguel Ángel Buonarroti.
-En el taller de Artifex Balear, en Inca, en el antiguo cuartel militar. Quiero convertirlo en la primera escuela del mundo de talla de piedra. Y tenemos todo para conseguirlo, únicamente falta ayuda institucional para que sea una realidad. Yo vengo de familia de picapedrers, siempre ha sido mi pasión y he ido aprendiendo y mejorando las técnicas de construcción. Ya es hora de que otros, los más buenos, aprendan de mí, como se ha hecho siempre, creando escuela. Este oficio se muere, no hay gente preparada para la construcción tradicional. Hay que estar listos para el futuro, para la construcción bioclimática. Aquí aprenderán que son los morteros de cal y los morteros pobres de tierra.
-¿Qué es un ´picapedrer´? ¿Un ´mestre´?
-En castellano están el maestro albañil y el cantero. En Mallorca, por historia, debería ser aquel capaz de hacer una casa con morteros de tierra y cal combinados con diferentes tipos de piedra sin emplear el hierro ni el cemento. Desde los cimientos hasta el tejado. Para eso necesitamos formar restauradores de piedra que puedan intervenir en las miles de obras que lo requieren .
-En la isla no siempre se restaura los monumentos de forma acertada.
-Sí, es el ejemplo más claro. Es por falta de profesionales de verdad. Hay demanda de estilo pseudo-mallorquín, y hacen lo primero que les viene a la mente, por libre, sin formación auténtica. Vivimos rodeados de cosas impostadas, falsas. Y lo que es peor, se venden como auténticas. Estas casas en poco tiempo necesitarán intervenciones urgentes. Las de construcción tradicional garantizan hasta cinco generaciones de uso, sin hablar del ahorro energético que supone tener unos buenos muros.
-¿Cuando estará donde le corresponde el pináculo de Santa Eulàlia?
-Cuando consiga convencer a los políticos de que es importante que se aproveche la restauración de monumentos para crear escuela y así preservar el oficio. Es triste perder la oportunidad irrepetible de subir a estos carísimos andamios y poder aprender, leer, fotografiar, medir, restaurar, pegados a la piedra. Somos los herederos de los canteros medievales, y queremos regresar a donde pertenecemos, a las viejas piedras.
-¿Cuándo comenzó esta aventura contra todo lo establecido?
-En 1985 me hice la casa de piedra y no de cemento. Me trataron de loco, incluso mis familiares albañiles. Después comencé a fotografiar pueblos, casa a casa, y vi que había una herencia tan sofisticada en soluciones técnicas que empecé una catalogación sistemática de la piedra de Mallorca. En estos momentos tengo más de sesenta mil imágenes, recorridos virtuales de cada pueblo, de la calles y casas donde me han dejado fotografiar.
-¿Cuál es el verdadero estilo mallorquín?
-Está muy bien especificado en el libro de Carlos Delgado. Una casa con una fachada que tiene una puerta y dos ventanas laterales y en la parte de arriba tres pequeñitas. A partir de aquí todo son añadiduras que dependen de la situación socioeconómica del propietario. No tiene arquitos ni nada, imitamos un estilo provenzal que no nos pertenece.
-La piedra tiene vida. ¿Y las casas?
-La piedra, el barro y la madera son los tres materiales con los que convivimos desde hace millones de años. Los llevamos incorporados a la piel, y abandonarlos es una locura. Son amistosos, mientras que los materiales sintéticos provocan problemas sanitarios porque son incompatibles con nuestra estructura molecular. La piedra es incombustible, nos asegura la permanencia en el tiempo. Tengo más de dos mil palabras recopiladas que hacen referencia al oficio que intento recuperar. La sofisticación del lenguaje es tan grande que me indica el nivel que llegamos a alcanzar y que se ha perdido tristemente. A más palabras, más técnica.
-¿Es un hombre del Renacimiento?
-Me considero con el espíritu renacentista. Creo que la visión actual monográfica en todo es errónea, como mínimo en el sector de la construcción. Cuanto más aprendes de escultura, de lo que sea, te das cuenta de la interacción que se produce. Yo no distingo entre hacer una escultura o una escalera de caracol, aunque son expresiones diferentes. La creatividad depende de la clientela, gracias a ella, además de ser picapedrer se puede ser artista. Hoy hay falta de cultura ciudadana, y también hay una generación perdida para este oficio. Cuando creé la escuela me presenté en más de veinte institutos de secundaria para dar a conocer el proyecto y dar una salida profesional con un futuro inmenso a estudiantes jóvenes. La respuesta fue cero. Es increíble el desinterés por un curso de tres años con una información tan grande que va enganchando a los vocacionales. En cambio publiqué unos anuncios en prensa y en una semana tuve setenta solicitudes de adultos.
-¿Pretende crear una élite?
-Hay que formar gente capaz de crear microempresas con capacitación. Aquí se busca a los mejores porque la piedra te habla, te dice, te da sorpresas. Hay que valer.
-¿En que momento está el proyecto?
-En un momento dulce, con una base de datos inmensa. Cada pieza del taller ha sido fotografiada paso a paso y así podemos enseñarla a distancia en todo el mundo. La idea básica es romper la idea de aislamiento, la transmisión de conocimientos a gente de todo el mundo. El oficio en realidad está en crisis desde el siglo XIII. He leído y recopilado más de cien tratados arquitectónicos, muchos de ellos manuscritos. Soy un picapedrer atípico que ha hecho el trabajo duro creando Artifex, con dos mil páginas web construidas por mí para los alumnos. La información entra primero por la vista.
-¿Cómo vive entre tanta construcción defectuosa?
-Asombrado. Lo que están haciendo con la Sagrada Familia no tiene nada que ver con lo proyectado por Gaudí. No sólo por el estilo, no hacen falta contrafuertes. Los materiales que están utilizando para la construcción de las columnas, hierro y cemento, no están en el proyecto original. Mire Sa Llonja, con qué dominio de la piedra y del espacio está construida. Qué sobriedad y elegancia. Lo vemos también en los patios mallorquines, qué señorío tienen. En Barcelona con los mismos elementos no consiguen esta armonía, y nosotros que la teníamos y la estamos perdiendo. Antiguamente éramos cosmopolitas, sutiles.