LOURDES DURÁN. PALMA.
Regresa a su espacio expositivo en Mallorca el artista Nicholas Woods, la galería Maior, y lo hace con un carcaj lleno de Balls of the Wall, una expresión tomada de los pilotos de la aviación norteamericana pisar a fondo el acelerador.
"Me he servido de ella como alusión a la pintura como esfuerzo máximo, como pulsión", comenta. La suya explora el lado inquietante que puede encontrarse en bosques desiertos, "en los que se intuye o adivina, que alguien puede llegar. Esa es mi esperanza, que se sienta esa posible presencia de la figura". Al desasosiego, deudora, según confesión, de la estética cinematográfica de David Lynch, Woods no oculta la impronta de clásicos como Manet y, en mayor medida, Caspar David Friedrich. "Me gusta ese lado salvaje que se ve en sus películas y que tiene que ver con la cultura norteamericana".
Woods la lleva en los genes -nació en Virginia, 1971-, a pesar de "llevar siempre encima el Mediterráneo". Quizá de ahí surja era interrelación en una obra que bascula entre la insoportable belleza y las imágenes de pornografía explícita en algunas de sus obras en pequeño formato.
"Sí, está en consonancia con cierta cultura norteamericana, ya que los Estados Unidos es un país de muchos paisajes", asiente el pintor.
Durante un cierto tiempo su nombre estuvo vinculado artísticamente al de Mónica Fuster. Sus proyectos trabajaron sobre todo el campo de las instalaciones.
"Teníamos nexos en común, pero yo tenía muchas ganas de pintar que es donde me siente más cómodo", asegura.
En los cuadros de gran formato se ha servido del uso del uretano que imprime a las telas una textura casi velada, como de cera. "Me permite conservar frescura y tener la idea de acuarela en una obra de gran formato.