club diario de mallorca. ´bellver 500´/el estado de la cultura en mallorca
MATEU CUART. PALMA.
La producen, la gestionan, la critican. Gabriel Janer Manila, Pep Canyelles, Pere Estelrich y Fernando Alomar conocen de cerca la cultura. Anoche se reunieron en Can Alcover para evaluarla con motivo de los 500 números de Bellver, el cuaderno cultural de DIARIO de MALLORCA, y no superó la criba. "Me interesa valorar la cultura como globalidad, y la nuestra es un desbarajuste; está a la intemperie, desatendida por la propia sociedad", apuntó Janer, encargado de abrir fuego.
A juicio del literato, estremece pensar la cantidad de gestores culturales que hay en las islas, "donde tenemos cuatro o cinco gobiernos, con sus correspondientes consellers, directores generales y asesores de Cultura", en comparación con la "poquedad y miseria cultural" resultante. "Es cierto que se hacen cosas extraordinarias, pero siempre fruto de una iniciativa particular, siempre aisladamente", abundó Janer, que se confiesa atraído aún por la tesis republicana según la cual "el contacto con la creación cultural debería cambiar el mundo", con la confianza puesta ahora sólo en las personas. "Nuestra realidad cultural es de cada uno para él y Dios contra todos", sostuvo, y añadió que "si, como leí en un grafiti, la cultura es el orgasmo del pueblo, el nuestro es un orgasmo de una pobreza absoluta". El representante en la mesa redonda de las artes plásticas, Pep Canyelles, compartió en esencia su posicionamiento introductorio.
"El panorama es desolador, siendo generoso", señaló el artista, según el que "los primeros que deberían reflexionar son los gobiernos, que nunca se han tomado en serio el tema de la cultura", abundó. Con todo, considera que no son los únicos que deben cargar con la losa de la culpa. "Somos una sociedad sin una identidad clara, y no nos preocupa demasiado", señaló.
Pere Estelrich, por su parte, recurrió en el acto, moderado por Francesc M. Rotger, a la primera persona del singular para dibujar su visión sobre la materia. Varias anécdotas de corruptelas en los consistorios, desinterés de la prensa y desconocimiento ciudadano avivaron la crítica del comentarista y organizador de conciertos. Una de las últimas la ha protagonizado Cort. "A día de hoy, el ayuntamiento de Palma es incapaz de decirme si los artistas que propongo para Sant Sebastià vendrán o no", apuntó Estelrich sobre una inmediatez con consecuencias negativas para el bolsillo de los contribuyentes.
Sólo el crítico de cine de DIARIO de MALLORCA tuvo, de entrada, algunas palabras de esperanza, con una cuestión, por otro lado, preocupante para muchos. "Es cierto que la piratería está destruyendo la industria, pero eso también quiere decir que los jóvenes escuchan mucha música y ven muchas películas", explicó.
En la aproximación detallada a cada uno de los sectores, reinó la disparidad de opiniones. "Hay mucha gente que escribe y que lo hace bien; Joan Alcover no está solo", apuntó Janer Manila, que centra sus esperanzas en la Part Forana. "Allí aún oyes vibrar una lengua rica y expresiva, y eso es conmovedor", añadió.
Un punto positivo contrarrestado por el juicio de Estelrich sobre cuestiones que afectan el arte del pentagrama. "Tenemos un Conservatorio Superior, pero ponemos allí a gente del Profesional, que es como si la UIB estuviera en un instituto", ejemplificaba el especialista. Primera crítica, pero no la única. "Allí hay un auditorio inacabado, con una acústica desastrosa porque nadie ha puesto los paneles que recomendó el arquitecto", añadió.
También tuvo palabras para la Federació de Corals, "una repartidora de subvenciones", y para entidades como la SGAE. "Que un disco valga 20 euros en mayo y cuatro en noviembre significa que nos están robando", acusó Estelrich, para el que, con un precio razonable, la piratería no se habría convertido en un hábito difícil ya de erradicar.
Sólo en la Orquestra Simfònica de Balears y el Auditòrium de Palma encontró consuelo. "Han sido dos puntales de la vida cultural de este país", dijo.
Fernando Alomar, por su parte, sostuvo que en Mallorca, "aún más que en Barcelona o en Madrid, el cine vive de individualidades como Rafa Cortés o Agustín Villalonga".
Pep Canyelles, por último, se condenó al ostracismo. "El individualismo es la única forma de sobrevivir", concluyó en una mesa redonda en la que el público tuvo mucho que decir.