MATEU CUART. PALMA.
No fue hasta las postrimerías de su vida que el escultor británico Henry Moore (Yorkshire, 1898 - Hertfordshire, 1986), uno de los más afamados del siglo XX, se adentró en el grabado, ungüento para las obsesiones que rondaban sus obras. El Museu d´Art Espanyol Contemporani expone una selección de ellas, agrupadas en tres series.
Las ocho litografías de La poésie reciben al visitante en la segunda planta, custodiadas por la carpeta que las recogió. Las dibujó Moore en los Curwen Studios de Londres, de entrada para ilustrar las obras de un grupo de poetas franceses, aunque no llegó a recibirlas a tiempo, con lo que pudo dar rienda suelta a al menos una de sus obsesiones: el desnudo femenino reclinado. Los colores hacen acto de presencia en las láminas en tonos pastel, y en unas pocas se distingue la tridimensionalidad de lo que parecen ser estudios escultóricos para alguna de sus obras.
Las dos salas contiguas las ocupa Elephant Skull, la colección de grabados al aguafuerte editada por Gerald Cramer e inspirada en el cráneo de elefante africano regalado al artista por el biólogo Sir Julian y su esposa Lady Juliet Huxley en 1966. Una carpeta en ocre, con trazos en horizontal y vertical que la cruzan de lado a lado dibujando la testa del animal, recibe al visitante de otra de las obsesiones de Moore, el estudio de animales.
Se unen en esta serie numerada, la más profusa de las tres que se exponen, visiones generales de la caja ósea con detalles pormenorizados de su interior que abren la veda a la sinuosidad. Se combinan también trabajos de escasas líneas con otros más recargados, contrastados incluso en la misma lámina.
Las creaciones más vistosas ocupan el tercer espacio, aunadas bajo el epígrafe Meditations of the Effigy y publicadas por la galería londinense Malborough en el 70 aniversario del británico.
El tercero de los asuntos asiduos en la obra de Moore, los tándems madre-hijo, comparece en ella junto a los tonos anaranjados de nuevas féminas recostadas y en pie, dibujadas unas y otras como si de mecanismos se tratase, con troncos en formas geométricas y grandes vacíos en el puesto de los órganos.
Ni tan sólo las cuatro últimas litografías, de aparente huida de la figuración, logran enmarañar su obsesión por el cuerpo de la mujer.