LOURDES DURÁN. PALMA.
A Pedro Oliver se le reconoce en secuencias. Lo que para algunos parece contradicción o saltos en zig zag, para él no es más que un continuo. "Me gusta ir sembrando bases; me tira lo sintético", asegura. Ahora presenta en la Ferran Cano dos líneas de lectura que tienen un inconfundible sello Pedro Oliver: Naturbom y Ateopoeta. Una vez más, el mallorquín es un francotirador que se sirve de los lenguajes artísticos para "comunicar".
"Nunca me las he dado de nada. Empecé en el cómic, me gusta el graffiti, la fotografía, la animación, la arquitectura, pero por encima de todo, soy pintor. Necesita la pintura porque es la cocina, el taller", cuenta.
Persona errante, "nómada", apunta él, lleva ya años recalado entre Palma, Galicia y Barcelona. Observador perspicaz, su obra está llena de guiños, dobles lenguajes. "Me gusta el juego de la ocultación, de la adivinación, de los contrarios", recuerda. Prueba de ello son sus siluetas, que parecen recortadas, y que permiten múltiples lecturas. El más genuino, su Mikki, que puede ser una diadema, una llama, una corona y ahora ya, la bomba.
"El verano del 2007 tomé parte en una jornada visual de protesta en Portugal. Estamos ante unas nuevas cruzadas, de ahí mi propuesta del palíndromo Ateopoeta. Ambas muestras van unidas, aunque correspondan a distintos periodos. Naturbom es mi respuesta frente a la destrucción del medio ambiente", cuenta.
A Oliver se le descubre más en sus imágenes que en sus palabras; lo más reciente en su imaginario, las composiciones realizadas a partir de restaurar dibujos de botánicos del siglo XIX. En el fondo, Mikki.
´naturbom/ateopoeta, pedro oliver
Galería Ferran Cano
Inauguración: 7 de noviembre, 20 h.