CIPRIANO TORRES
Formo parte de ese nutrido grupo de gente a la que nos pilla por todas partes el vendaval y el desplome, la tormenta y el azote, el nubarrón y el caos, el desastre financiero de los usureros, de los prestidigitadores económicos que nos dieron por culo en tiempos donde se forraban con la ficción de la abundancia y nos dan ahora cuando el chollo hace aguas hasta inundar nuestros solares, momento histórico en el que salen los Gobiernos con sus fajos de billetes para arropar la tiritera de algunos delincuentes diseñados como ratas, capaces de sobrevivir en medios benévolos y en territorios hostiles, siempre con la boca abierta para que el dinero no escape a su voracidad. Antes éramos unos pringados, ahora también. Antes no compartíamos el delirio de sus ganancias, ahora nos temen hasta el desplome más indigno porque de golpe la economía real les asusta. Los templos del dios dinero se precipitan por el acantilado de los desechos porque no compramos pollo, la desesperanza cunde porque miramos y miramos la etiqueta de los vestidos y quizá nos damos la vuelta y decidimos apañarnos con el pantalón antiguo, tiemblan como niños africanos ateridos por la escasez porque el coche nuevo puede esperar. La situación me da tanta risa, sin duda la risa y el desprecio del ignorante e inconsciente, que casi llego al estado lelo de condinga, palabra que usamos en mi pueblo cuando un niño entra en un estado enrabietado de cojones sin límite ni cuento.
Sirva ese preámbulo para ponernos en situación. A veces me veo contando los segundos desde que Pepa Bueno, en el estudio de Los desayunos de TVE, da paso a la primera conexión de la mañana con Pedro Carreño, que narra el retrato de la Bolsa, hasta decir "en tiempo real". Soy tan inculto en asuntos bursátiles que con el cronista, en primer plano con un fondo de pantallas donde los valores entran en coma o resucitan con una energía de sano jovencito, he aprendido una expresión bursátil que jamás había oído aplicada a la Bolsa, ´en tiempo real. Es curioso. De golpe, todo es real´. Vivíamos en la ficción, y ahora las Bolsas se desploman por el temor de los efectos de la economía real, o sea, nuestra puñetera bolsa de la compra. Que a un tiburón pegado al teléfono, dando alaridos al otro lado del mundo, acostumbrado a especular con el petróleo y llevarlo a precios insoportables que acaban rodeándome la garganta se venga abajo porque no meto en mi compra la suficiente gasolina consumista, me da tanta risa como congoja. Sé que también ahora, si no salvamos a los hijos de puta, nos hundiremos primero. Hace seis días, en un revelador, nada inocente, casi inquietante y a la vez pedagógico Informe Semanal, firmado por la solvente Mayte Pascual, hablaron en exclusiva con Emilio Botín, Santander, Francisco González, BBVA, Miguel Blesa, Caja Madrid, Ángel Ron, Popular, y así hasta la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. Todos coincidían. Tranquilidad. Todo controlado. Estamos en buenas manos. Ya digo, para salir corriendo. ¿Pero a dónde? En tiempo real, a ninguna parte.
Así que lo mejor es seguir siendo inconsciente y entretenerte en asuntos de más calado. Me da la pista Andreu Buenafuente, a unas horas, campeón, en que ya no sabe uno si lo que dices es verdad, media verdad, o mentira entera. El resultado es que en el último partido de Rafa Nadal, ese chico por el que algunas lagartas, del corrillo mañanero o vespertino, y con buen criterio, se mueren por los bíceps del mallorquín, yo me fijaba en las veces que el colega, en tiempo real, entre raquetazo y raquetazo, hace pinza con los dedos, se lleva la mano al culo, y se saca los calzoncillos de la raja. ¿Cuántas, alguien lo sabe, alguien se ha puesto a contarlas, es un gesto inconsciente, un mantra, o de verdad es que al muchacho se le mete la cosa por la cosa? Qué sinvivir. También en tiempo, creo que real, me dediqué, en la entrega que Juan Ramón Lucas cedió En noches como ésta a Ana Botella, esa realidad bursátil para el mundo de la laca y la sonrisa venenosa, a embelesarme con tan enrevesada pero diáfana invitada. Soltó perlas como tesoros. Sin duda, estoy segura de que fue la Providencia quien salvó a mi marido del atentado. Sí, me gustan los desfiles, además de los de moda, y no, no creo que nadie dude de un patriota como Mariano Rajoy por unas palabras sin importancia. Es difícil, muy difícil transcribir esas frases sin poder acompañarlas como lo hace esta mujer, que tiene la costumbre de acabarlas, llueva, nieve, o caiga a plomo el sol, con su sonrisa, esa cosa que tanto inquieta, creo que más que la de su marido, Josemari Ánsar, el salvado por la Providencia, sin cambios climáticos ni copones. Bah, dijo en otro momento estelar de su impagable paso por La Primera, ¿la boda de mi hija en El Escorial?, tonterías, lo que dicen me da risa, pero si en España somos muy de celebrar las cosas. Y sonrió. Yo no. Hay risas que me dan escalofríos.
Y necios que me hacen reír. En tiempo real. No me gusta nada, me horroriza, pero así es, la actualidad manda, Julián Muñoz ha salido de la cárcel, decía un horrorizado por la actualidad Jaime Cantizano en ¿Dónde estás, corazón?, y tenemos dos titulares de alcance. Uno, nuestra colaboradora Laura Tinajero se ha tomado un café con Julián. Y dos, Chelo García Cortés se dirige al plató -pasan imágenes grabadas de la señora en un coche como si fuese directo-, después de hablar en el casino de Torrelodones con Isabel Pantoja. Para cuando le toca hablar a una impaciente María Patiño, que apenas puede contenerse con la vena relajada, yo ando sumido en el despiporre, atragantado por tanta actualidad y tanto titular de alcance, y nada menos que en exclusiva. La hostia. Pero menos que la última película porno de la factoría de Larry Flynt, Tirándose a Palin, con Lisa Ann. Se la tiran dos rusos a los que se les ha averiado el tanque, entran a casa de Palin y le piden llamar por teléfono, pero ella, envuelta en la bandera americana, se insinúa cogiéndose las tetas con mucha pasión. Tanto, que se la tiran. En tiempo real, Pedro Carreño, en tiempo real.