MATÍAS VALLÉS
El dígito 1 es el más frecuente en los textos humanos. La disminución de su frecuencia sirve para localizar documentos falsificados, en los cuales se tiende a una igualación artificial de las diez cifras. Sin embargo, hoy se tambalea la preeminencia de la unidad, porque la economía ha desplegado todos sus ceros para impresionar a la ciudadanía. Así, el Gobierno insuflará 150.000.000.000 de euros a los bancos. La inflación de números redondos pretende apabullar a la disidencia. La cifra 1.111.111.111.111 aparenta menor enjundia, aunque multiplica a la anterior.
La inflación de ceros no aclara por qué 150 mil millones y no 300 mil o sólo 50. Nadie lo puede saber, fue el fruto de un tiro al aire, la voluntad de combatir el capricho de la ruleta bursátil con una arbitrariedad todavía mayor. En realidad, el único significado de esa cifra es demostrar a la ciudadanía que el Gobierno se toma la crisis en serio. También para eso hubiera bastado la mitad, o no hubiera sido suficiente ni el doble. En todo caso, el número no es el precio, eso vendrá más adelante. Si en la tasación a cargo de peritos de un piso de 50 millones de pesetas se encontrarían fácilmente diferencias de diez millones, y el margen de discrepancia aumenta conforme crece la cantidad a evaluar, la limosna a los bancos puede multiplicarse fácilmente por veinte. O por cien, si esa magnitud tiene cabida en la economía. Al disparar a esa distancia se producirá una desviación impredecible, pero hacia el lado que nos tememos.
La beatería económica insiste en controlar el destino de esas cantidades. Antes habría que conocerlas, y nadie está preparado para ello. Los 150 mil millones no han surgido por acumulación de cifras más pequeñas, según sucede en un presupuesto, sino como paraguas protector. De ahí que la artillería de ceros sea una prueba de sinceridad, pero también de ignorancia. Máxime cuando se destinan a resolver unos problemas que no existen, porque los bancos españoles pecan de tremenda solvencia. Históricamente, amanece la edad en la que el cero ha derrotado al uno, la civilización de la nulidad.