C.M. PALMA.
"Hi ha autors que són sempre actuals (...) perque la seva obra es basa amb valors permanents, inextinguibles". Son palabras que Josep Palau i Fabre antaño dedicó a Joan Alcover. Delicadamente reproducidas en una de las paredes de la casa-museo del poeta. Extensibles anoche a la figura de Toni Roig, allí homenajeado, un año después de su inesperado adiós. Centenar larguísimo de amigos en una velada proporcionalmente íntima. Menos lágrimas ayer-ya asumida su ausencia- que un 2 de octubre de 2007, cuando el Monestir de La Real acogió un inmediato y sentidísimo acto civil para despedirle. También menos políticos.
El flaviol de Pere Martorell rasgó la noche con la misma delicadeza con la que pronto se unió el resto de Al-Mayurqa, formación huérfana de padre que no escatima en su recuerdo. Fueron las primeras músicas de una función construida entre partituras mudas de palabra y poesía escenificada; estrofas que Biel Majoral y Antoni Artigues recuperaron del universo Roig para versar desde una comedida e ilustradora teatralidad.
Hablaron suaves, cuando la lectura sugería suavidad, evocando Colors de un otoño marrón y un verde imaginado en un campo de tierno trigo. Tornaron violentos, con el (inicial ayer) Manifest que Roig pergeñó para lamentar el regne-estat que Mallorca ya no es. Sarcásticos, en Maliciós, una suerte de hechizo acusador, con receta de aranyes, escorpins y llamps forcats. Enamorados, en Amistat y No Res, dos pretéritas loas inspiradas en los colegas y el amor.
Y así, generosa decena de rescates, alternados con la música de los hermanos Martorell y compañía, constructores de un folk que sin voz multiplica las imágenes mentales. La guinda, No ens fareu callar, un último himno compuesto por Roig y que, macabra paradoja, tantas pocas veces pudo cantar. Se unió al ´salmo´ parte del público, hasta entonces dedicado al atento silencio y al cálido aplauso a partes iguales.
El tributo rendido a Roig -anfitrionado por la Obra Cultural Balear de Jaume Mateu, también carente de uno de sus más activistas colaboradores- fue un bonito primer aniversario, un ejercicio de memoria reservado sólo a los cercanos.