CARLES MULET. PALMA.
Deep Purple juega con sabida ventaja. Se perciben imprescindibles, recién cumplidos los cuarenta, una condición tan innegociable como consensuada. Una circunstancia que les permite sobrevivir, especialmente en directo, a pesar del carisma menguante de sus últimos trabajos; un material que se cuela en el setlist bien arropado por su inmortal colección de clásicos. Sobrecoge ver impreso el nombre de estos dinosaurios anunciando bolo en Mallorca; una utopía para muchos viejos rockeros, de esos que nunca mueren. Y que en caso de hacerlo ya podrán marchar tranquilos tras la generosa función de anoche. Por uno sólo de su greatest hits, y sonaron muchos en el Palma Arena, justificaba pagar la entrada, cerca de 4.500 vendidas, valedera para casi dos horas de hard rock con pedigrí.
Money talks y Things I Never Said, extraídas del postrero (2005) y muy recurrido Rapture of the Deep, para romper el hielo. En escena, Ian Gillan, voz y harmónica, el único que ya no es melenudo; Ian Paice a la batería, el más veterano, gafas de sol y sin mangas, en plan Nadal; Steve Morse a la guitarra, cabellera platina y musculado; Roger Glover, al bajo, perilla y pañuelo; y Don Airey, a los teclados, parapetado tras un instrumento multiplicado por tres. Los Deep Purple del XXI, en definitiva, que a la tercera, y sin descanso, rescataron la lejana Into the fire para enlazarla con Strange Kind of woman (el primer gran momento de cuernos colectivos) y Rapture of the deep, el single homónimo de su último largo.
Cinco del tirón, pues, antes de un "muchas gracias" escueto y en perfecto inglés. Suficientes para demostrar que están en forma. Que los solos siguen virtuosos y que la voz de Gillam ya no es lo que era, aunque todavía está capacitada para vestir un directo solvente. Después, precedidas por una balada de mechero, la propuesta comenzó a alternar, con tendencia regresiva, las más nuevas -Back To Back, Before Time Began, Clearly Quite Absurd o Kiss Tomorrow Goodbye- con los perennes himnos; específicamente esperados por la concurrencia más heterogénea que se ha visto pasar este estío por el velódromo multiusos: desde fogueados hard rockers, hasta las nuevas generaciones aún sufridoras de acné, muchos turistas no accidentales y solitarios padres de familia y parejas +50, recordando aquellos maravillosos años donde la música, amén de partitura, era una actitud. Para el recuerdo mallorquín: Woman from Tokyo, Lazy, Perfect Strangers, Space Truckin, Hush, Black Night, Pictures of Home y, claro, Highway Star y Smoke on the Water, todo aderezado con pedacitos de Child in Time. Perfecto.
Justo rescatar también la actuación de los teloneros, los locales y curtidos Art Acustic, que durante algo más media hora encendieron al personal con dos temas de cosecha propia y sus particulares versiones de The Kinks, Neil Young, Janis Joplin, Pink Floyd y The Doors.