MATEU CUART. PALMA.
Con el convencimiento de que, en el arte contemporáneo, la diferencia es el único punto en común, de que "el estilo típico es el conflicto de estilos", el comisario y crítico de arte Barry Schwabsky ha reunido en el CCA de Andratx medio centenar de obras confeccionadas por veinte artistas emergentes con residencia en Londres elegidos en base a sus preferencias subjetivas para una colectiva con la que se propone "destacar la individualidad" que, a su juicio, se reprime en exposiciones monotemáticas.
De modo que allí conviven las esculturas a base de cuerpos de muñecas cubiertos de perlas y juguetes de Hew Locke con las pinturas abstractas de la argentina Varda Caivano, que atrajo al comisario por "la libertad con la que se acerca a la pintura" y por permitir que sea el cuadro el que guíe sus trazos, o lasa grandes pinturas abstractas y figurativas de Rachel Howard.
Otras piezas, las confeccionadas por Daniel Silver, que convierte el lienzo los mármoles de deshecho de una fábrica de escultura tradicional, combaten al mismo tiempo con los cuadros para enmarcar fragmentos de realidad de Alice Channer, los apuntes de diario íntimo convertidos en señales de Bob and Roberta Smith -un artista con nombre de dos-, la escultura a medio camino entre la abstracción y la funcionalidad mobiliaria , las fotografías "pintables" de Hannah Starkey o los vídeos de Clare Gasson.
Y entre tanta violencia, un enanito de los que acompañaban a Blancanieves muestra una sonrisa permanente sentado frente al televisor. Su constancia admira a Anthea Hamilton, que invita al visitante de su instalación a entrar en una otra dimensión en la que nada de lo cotidiano es lo que parece.