MATÍAS VALLÉS
Confiar en Vicente Grande ha redundado en un quebranto de cientos de millones de euros para entidades de ahorro públicas de Balears. Su pasión por la inexactitud se refleja desde la segunda línea de su comunicado de venta del Mallorca, donde asegura que el comprador es "el grupo empresarial e inversor británico que preside D. Paul Davidson". Falso. En la nota redactada en Inglaterra, se aclara que la adquisición corresponde "al empresario británico Paul Davidson". El matiz es sustancial, y fue refrendado anoche a este diario por Damien McCrystal, portavoz del conglomerado inglés. "Mr. Davidson compra el Mallorca como un inversor personal, sin ninguna vinculación con su grupo Fluid Leader. Del mismo modo, la operación se limita al club de fútbol, y en ningún caso se extenderá a las restantes empresas de Vicente Grande". ¿Quién se ha esmerado en alimentar la confusión?
Si los nombres de las personas admitieran traducción, la versión castellana de Paul Davidson sería Gil y Gil, sin que falten en su historial ni la residencia en Marbella ni el yate del dictador yugoslavo Tito. ¿Una pequeña prueba oratoria del nuevo propietario del Mallorca? "A los abogados no les importa quién gane un pleito, con tal de que ellos cobren su minuta". ¿Otro rasgo de ingenio, en el área sexista? "Mi esposa está por allí. Es rubia. Tengo el equipo estándar, el Bentley y la rubia". Enternecedor. A los socios mallorquinistas les interesará saber que el empresario británico ya ha atravesado una quiebra, así como la liquidación de una de sus empresas. Si añadimos sus bravatas, así como su carácter dicharachero y desafiante, nos encontraremos con un calco de Grande.
Ahora mismo, Davidson depende de una inyección de capital a cargo de un jeque de Emiratos Unidos, Faisal Bin Khalid Mohammed Al Qassimi. Los petrodólares comprometidos desde marzo no llegan, el último retraso es atribuido por el portavoz de Fluid Leader a que "ha muerto la madre del jeque, y es preceptivo que pasen cuarenta días para que se arreglen los asuntos de herencia".
Según su portavoz, Davidson se encuentra "muy excitado con la compra del Mallorca, uno de los clubes más importantes de España. Le gusta mucho el fútbol, y es un fanático del Manchester United que nunca había participado en el accionariado de una sociedad deportiva". Muy emotivo, pero es preferible concentrarse en la cruda realidad numérica. El pasado 18 de junio, Chris Blackhurst le preguntaba al empresario, desde el vespertino británico Evening Standard:
-¿Cuánto dinero tiene usted ahora?
-Nada. Todo ha desaparecido.
Tranquilizador, según se ve, aunque el empresario asegure en otra de sus fanfarronadas que "este año he ganado 50 millones de euros". Supera el salario medio, pero esa cantidad refrenda difícilmente el abono de 40 millones por el Mallorca. Sus allegados presumen de que pagará más del doble que Shepherd, el antiguo dueño del Newcastle. De esa bolsa ha de salir también la suma para comprarse una casa en el Port d´Andratx, la zona que peinó hace dos semanas en compañía de agentes inmobiliarios.
La valoración que Davidson hace del Mallorca deja a Grande como un prodigio de modestia. Según su ojo de buen cubero británico, los derechos de traspaso de los jugadores ascienden a cien millones de euros, por no hablar de cuarenta millones más en el banco, "y aparte de otros bienes inmuebles". Lo cual nos devuelve a la mayor suspensión de pagos de la historia de Mallorca -el Grupo Drac de Grande-, que todavía no existe en cuanto que ningún juez la ha admitido a trámite. Si un ex director general de Matas va a administrar el concurso de acreedores de un promotor al que Matas recibía con honores de jefe de Estado, tal vez Davidson se ajusta a la lógica de los acontecimientos.
El nuevo dueño pone el mismo énfasis en su apodo de el Fontanero que su colega español en llamarse el Pocero. En el traspaso de poderes, cómo olvidar que Grande dijo que el Mallorca quedaba al margen de la suspensión de pagos, y que nunca se desprendería del club. Distinguir la realidad de la ficción es muy complicado con Grande. O con Davidson. Ya empezamos a confundirlos.