M. ELENA VALLÉS. PALMA.
"Me considero uno de los últimos pintores modernos. De aquellos que cambiaron radicalmente sus relaciones con el color tras la irrupción en el mundo del arte del cuadrado negro sobre fondo blanco de Malevich", imprime con fundamento, igual que hace en sus cuadros, Mateu Bauzà. El Casal Solleric inaugura esta noche a las 20 horas una retrospectiva de este artista mallorquín que comprende obras ejecutadas desde 1989 hasta 2008. La antológica, que podrá visitarse hasta el 13 de julio, está ordenada cronológicamente, de tal manera que unos paisajes mínimos de estética taoísta china llenan las paredes a partir de unas pinturas acrílicas sobre tela de algodón ejecutadas en base a la contemplación de la naturaleza y el trabajo con los espacios vacíos. Un cuadro en homenaje a Antonello de Messina preside la siguiente sala. Bauzà explica que los pigmentos dorados del lienzo constituyen una suerte de honor a los cuadros primitivos de este pintor italiano. Después de la experimentación con campos de color intelectualizados y con azules muy eléctricos en los que las luces surgen de las sombras -como en el cine negro- un conjunto de inéditos muestran la tendencia del autor a usar un solo color en las telas. Pese a la similitud entre varios dípticos, ninguno de ellos está pintado de la misma manera: "Se trata de la pintura conocida como de registro que tanto usaron los norteamericanos de los años 60 y 70". Tras la sala de otoño, llena de ocres y rojos suntuosos, las telas más recientes: una serie en verde y amarillo, tonos más luminosos, como el estado de ánimo de este artista, coda del expresionismo abstracto. Ante la aparente sencillez de su obra, Bauzà responde: "Busco sorprender a los que tras la simplicidad saben leer pintura y ver que la mía es compleja".
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