La pintora y arquitecta argentina presenta de manera simultánea en Milán y Mallorca sus "obsesiones" más íntimas
LOURDES DURÁN. PALMA.
Unos lienzos cargados de color, rostros desfigurados por expresiones desgarradoras. Florencia Wagner -Tucumán, 1975- no puede negar la impronta que han dejado en ella los expresionistas alemanes y, sobre todo Bacon. "¡Sí, me encantan!", confirma. Poco más tarde añade: "Soy más colorista. No me siento cómoda con la línea". Wagner presenta por vez primera sus lienzos en el Gran Casino de Mallorca, bajo el lema Caos humano. De forma simultánea, aprovechando el haber cruzado el charco, la arquitecta y pintora se estrena en Milán. Allá se presenta como el Caos urbano. "Si en Milán presento obras más relacionadas con mi profesión como arquitecta, en Palma me he inclinado por las más figurativas que, tampoco son tal, porque yo desfiguro los rostros", señala Florencia Wagner. Explica que su finalidad primordial cuando pinta es la de "conmover, sorprender, incluso desagradar": Todo ello porque huye de un espectador que busque "obra decorativa". Acerca de su proceso en el taller, recuerda que "es solitario y obsesivo, casi hasta la locura". Confiesa Florencia Wagner que el duelo con el lienzo en blanco "es el mejor momento" porque "mancho la tela, la lleno de pinceladas y, luego voy descubriendo lo que la pintura me pide que haga". Como suele ser habitual, la demanda es "que reste, que elimine".
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