entrevista. Bartomeu Fiol/Escritor
M. ELENA VALLÉS. PALMA.
Por lo menos 180 centímetros separan a Bartomeu Fiol (Palma, 1933) del suelo. Así, y enmarcado por el portón de su casa, guarda las formas de alguien que en el pasado trabajaba alojado en un traje de americana y corbata. En su casa, una fina y delicada bata azul protege su hábito antracita. Por una ventana del distinguido salón, el sol del Passeig des Born se vierte como miel sobre un recodo del sofá y aporta combustión al ralentí de la conversación, fértil en digresiones.
"Entre Cavorques i Albió es un dietario que pretendía recoger las impresiones a lo largo de mi posible estancia como lector en la universidad inglesa de Sheffield, donde iba a dar clases de lengua y llevar a cabo también una serie de investigaciones". El reino de Cavorques es el nombre que se le atribuyó a lo largo de la Edad Media a Balears. Y Albió era Gran Bretaña. A la postre, el viaje se frustró, pero este cuaderno de escritor zarpó brioso el 1 de julio de 2000. Cavorques es para Fiol lo que Sinera para Salvador Espriu: un contramito, un lugar ficticio con referente real (Mallorca) sobre el que verter una serie de hechos reprobables en el terreno social y político. Así, por ejemplo, vuelca perlas como: "Cavorques es un exceso de edificaciones y de tráfico. En ella, no se encuentran intermediarios que no sean del ramo inmobiliario o similares". Cavorca en catalán es además sinónimo de cueva. Por ello, al autor le pareció oportuno utilizar esta denominación: "Los mallorquines tenemos fama de estar detrás de la roca. En el fondo, siempre nos comportamos a la defensiva, como si nos resguardáramos en una caverna".
Fiol deseaba poder revolver las bibliotecas de Sheffield con el fin de profundizar en el estudio del grupo de poetas metafísicos ingleses como John Donne, George Herbert o Andrew Marvell, que tanto influyeron en T. S. Eliot. "Por ninguna otra razón, este cuaderno de trabajo está plagado de listas vergonzosas con lecturas que me faltan". Su sinceridad deja sin armas al contrincante: "Tengo muy claro que no se puede acaparar todo, ni en lectura ni en escritura". Este modo de concebir la literatura y su pasada e intensa dedicación profesional a la hostelería confluyen en el estilo de redacción fragmentario del literato, concentrado en pergeñar poesía o prosas breves como este dietario, editado por Moll. Por otro lado, consigna que apenas lee narrativa de ficción "simplemente, porque no me creo esas historias; me parecen una verdadera exageración". En su biblioteca -"pasemos a mi leonera", dice- se reflejan sus palabras: libros de ensayo a tutiplén, las obras completas de Salvador Espriu, Josep Pla o Joan Margarit, un ejemplar de la Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset, Ars Quimera de Cristóbal Serra y muchos más. Este último escritor copa una entrada importante en el dietario. Fiol defiende situarlo en la esfera de la cultura catalana. "El caso de Serra o José Carlos Llop es idéntico al de Vázquez Montalbán, que hizo barcelonismo y una gran propaganda de las costumbres catalanas pero sin escribir en esa lengua. Por redactar en castellano no deberían ser alejados de nuestra cultura. Demonios, si yo a veces utilizo el inglés". En este sentido, le pareció una "falta de diplomacia" el hecho de no invitar en un primer momento a los literatos catalanes que escribían en castellano a la Feria de Fráncfort. "De todos modos, creo que tampoco se debe magnificar el problema. Al fin y al cabo se trata de una cita comercial de editores".
En este memorándum literario, "donde cabe todo y nada a la vez", dirige también una crítica hacia el apego que siente la literatura catalana por el noucentisme: "Jugar a ser noucentista no es posible hoy en día. Aún hay muchos escritores que creen que la escritura es un arte que produce belleza verbal y nada más. Yo no estoy de acuerdo. Este movimiento cultural quiso hacer de Cataluña una nueva Ática. Es irreal. En estos momentos no tiene ningún sentido mantener el neonoucentisme que siguió tras la Guerra Civil".
Bartomeu Fiol cree que la escritura es un método más de acercarse a la realidad y a la verdad, "a pesar de que los resultados no sean nunca excepcionales". Este discurrir ensayístico y cercano a la teoría de la literatura impregna muchísimas entradas del libro, totalmente autónomas y separadas únicamente por la fecha en que fueron escritas. Se muestra partidario de la literatura fragmentaria, "porque así aprehendemos el mundo y lo que nos rodea", y de la falta de soluciones rotundas que aporta: "Un dietario de trabajo no tendrá nunca una conclusión definitiva; tan sólo señalará todos los trabajos por hacer y que, de alguna manera, ha intentado preparar". Dinamitar el ego también le preocupa: "Pongo en cuestión el yo heroico occidental. Reivindico su desaparición. El yo nunca es monolítico, sino que se va modulando con el tiempo. Creo que el yo funciona en nuestro interior como una pequeña compañía de teatro de provincias".
Este literato y articulista disemina su multiplicidad de egos en esta macro plaquette -que compila un año y medio de vivencias y reflexiones- mediante autodefiniciones en negrita. El escritor palmesano es "el que va siempre detrás de cualquier título", "el riguroso", "el ex alumno de Montesión", "el lúcido postrero", "un fervoroso del románico", "un profeta menor", "el hotelero letraherido" o "un recolector de sueños", también confesados en un acto de desnudez interior.
La actitud de Bartomeu Fiol ante las letras se erige en una potente autonomía estética y moral en relación al actual entorno literario, de ahí su originalidad y su obsesión por cuestionarse sobre la escritura como método y fin en sí mismo. Como decía Ramón Gómez de la Serna: "El buen escritor no sabe nunca si sabe escribir".