MATEU FERRER. PALMA.
La foto oficial del "acuerdo histórico" de ayer tiene trampa. Al final se escenificó el consenso, sí, pero ¿tras cuántas horas de durísimas negociaciones? ¿y a qué precio?.
Seis ruedas de prensa en 24 horas -PP, Carbonero, UM, Bloc, Govern, y todos juntos, por este orden- evidencian la frenética actividad de los partidos políticos para apuntarse los tantos de su contribución al nuevo texto de la ley de la Vivienda. El colofón de los tiras y aflojas se produjo ayer por la tarde, minutos antes de que los líderes políticos del Pacto y del PP posaran unidos, lo que obligó a postergar media hora su comparecencia ante los medios. "¡Escuchabas los gritos desde la planta baja, se han tirado los trastos a la cabeza!", comentaba un oyente que estaba en las dependencias del Parlament donde tenía lugar la última reunión del Pacto.
Ya se había producido a mediodía el encuentro definitivo entre el conseller de Presidencia, Albert Moragues, y los interlocutores del PP, donde se cerró el acuerdo entre Govern y oposición. Fue en este último instante donde los ´populares´ pidieron introducir un nuevo cambio en la ley. A petición de sus alcaldes, como el de Marratxí o Manacor, reclamaron que la excepción prevista para Palma, de permitirle superar el crecimiento que le fija el Plan Territorial de Mallorca si es para VPO, se extendiera al resto de municipios de la isla donde sea susceptible desarrollar la nueva ley. "O todos moros, o todos cristianos", fue la consigna ´popular´.
"Me parece bien, lo incorporaremos", sentenció Moragues. El problema vino cuando sus socios de gobierno del Bloc se enteraron en la susodicha reunión minutos antes de salir ante la prensa. Su líder, Biel Barceló, se negó en redondo a admitir este "coladero", máxime porque no les había sido consultado previamente. Tras duros reproches con Moragues y Carbonero, el primero telefoneó a Rosa Estarás para desbloquear la situación. Ésta envió a Mabel Cabrer, Antoni Pastor y José Manuel Bauzá a deshacer el entuerto. Como nadie se movía de sus posiciones, PP y Bloc coincidieron: Eliminar la excepción para Palma, "y todos iguales". Carbonero salió de la sala a departir con Moragues. Malhumorado, el conseller regresó a la tensa reunión y dio su brazo a torcer, no sin espetar en voz alta: "¡Tomo nota!". Le remachó Moragues, con un "esto tendrá un coste". Entonces, alguien tuvo que recordar: "¡No discutáis delante de éstos!", unos ´populares´ que se miraban la escena completamente alucinados. Pero Barceló se marchó tranquilo: El PSOE había negociado con el PP este extra "inadmisible" para el Bloc, encima a sus espaldas. Y decidió que por ahí no pasaba.