JOSEP VIDAL VALICOURT
Entra en escena Rosa Díez y retroceden los nacionalistas. El PP se queda viejo y cansado y el PSOE vence, aunque a partir de ahora su política tendrá que acercarse a las tesis que propone el partido que lidera Rosa Díez. Nada de negociar con terroristas ni pactar con unos partidos que, como ERC, ha sufrido un merecido batacazo. Bueno, pactar puede pactar, pero semejante pacto no tendría la más mínima credibilidad. No olvidemos -ya que se habla tanto de paridad de géneros- que Rosa Díez es la primera mujer que se postula como presidenta de España. Dado el desprecio por parte de gran parte de los medios de comunicación y demás feos e injusticias de toda índole, el resultado obtenido por este joven partido es digno de destacarse. Se trata de un partido de mente abierta, pero tajante en determinados temas. Un partido que se refiere a España, no como un valor sagrado ni arcaico, sino como un gran marco común en el que desarrollarse. No olvidemos que Rosa Díez salió del PSOE, entre otros motivos, por dos en concreto: Rosa Díez nunca estuvo de acuerdo con el diálogo con ETA, así como también rechazó esa postura ambigua e hipócrita en relación con una serie de pactos oportunistas con el sector más recalcitrante del nacionalismo.
El tema de la reforma de la ley electoral está muy presente en el programa de este partido. Sin ir más lejos Llamazares y Marisol Ramírez, de forma dramática, han reclamado esta urgente reforma, sobre todo tras su debacle. UPyD ha obtenido el mismo número de votos que, por ejemplo, el PNV y, sin embargo, el partido nacionalista vasco se ha llevado al zurrón seis escaños, mientras que el partido de Rosa Díez tan sólo uno. Aunque, bien mirado, ese escaño sabe a gloria después de esa dura, hostil travesía del desierto. Esta mujer ha sido capaz de levantar un partido. Se ha dedicado a recorrer España, pateándose cada rincón, hablando en plena calle, atendiendo a las preguntas de los paseantes y curiosos, haciendo mítines en las plazas, buscándose literalmente la vida para que su partido tuviera, como mínimo, algún atisbo de presencia, recibiendo estoicamente las groseras amenazas de una panda de bestias que trataron de agredirla, nada menos que en la Universidad Complutense, negándose a salir, después de la conferencia, por la puerta de servicio, insistiendo en volver a pasar por delante de sus potenciales agresores para mirarlos a la cara. Sin duda, esta mujer -no lo olvidemos, la primera mujer que se presenta a la presidencia del gobierno de España- es una política como la copa de un pino, capaz de sacar un gran partido de un partido que tan sólo era un germen. Sospecho que irá creciendo.
Al lado de la impotencia del PP -se lo tienen que hacer mirar, de lo contrario pasarán muchos años en la oposición- de un PSOE que, aunque ganador, bastante mediocre, de una Izquierda Unida al borde del abismo y de una ERC arrasada, por dentro y desde fuera, la opción de este partido recién nacido abre una franja interesante para quienes están más que hartos de esa dinámica brutal que es el bipartidismo de los dinosaurios y de sus toscos e inútiles enfrentamientos, así como del desmesurado protagonismo de unos partidos nacionalistas que, en conjunto, representan a muy pocos, pero que en la práctica chupan teta como nadie. Una teta que, por cierto, odian. Una candidata de este calibre se merece estar ahí. Se lo ha trabajado y es justo que así sea.