JeongMee Yoon reflexiona en clave fotográfica sobre el instinto de coleccionar de las personas
La artista coreana muestra la serie titulada ´The Pink & Blue Project´, en la que retrata a niños y niñas rodeados de sus objetos
Espectadores observan una obra de JeongMee Yoon. Foto: Lorenzo.
LOURDES DURÁN. PALMA.
Niños en azul y niñas en rosa. Perdidos en el magma de los objetos. Sus juguetes. Son asiáticos, nacidos algunos en Estados Unidos; otros, con una pierna latina. El afán de consumir nos iguala en las sociedades de aparentes estómagos satisfechos. El Primer Mundo. JeongMee Yoon, coreana con parte de sus años de vida en Nueva York, ha clavado en trípode para mostrar fotografías de esa dicotomía de género, vertida en azul y rosa. En realidad, una metáfora sobre su creencia de que "el instinto de coleccionar objetos es algo muy primario entre los seres humanos". The Pink & Blue Project es su primera exposición individual en España. La Caja Blanca se ha tintado en rosa y azul. "Todo nació porque a los niños norteamericano en la II Guerra Mundial se les regalaban cosas o ropa azules, mientras que en Corea era el rojo, un color asociado al comunismo. Empecé a pensar en la política del color", cuenta la artista coreana. Inició esta serie de retratos de niños con su propia hija, quien surge en una esquina, sepultada en lapiceros, pulseras, cuentos, muñecas, peluches y un sin fin de objetos alineados en perfecto orden. "No me interesa contar una historia, sino enfatizar ese afán que tenemos de establecer categorías, de catalogarlas, ya desde que somos niños", expresó Yoon. Es evidente que los hogares visitados son de clase media alta porque esos niños son hijos de la abundancia, casi del exceso. No faltan en los encuadres de las niñas en su mundo rosa, las Barbies. "Son niños de distintos razas, incluso he retratado a dos españoles, con objetos que son universales por efecto de la globalización", indica una artista que se formó primero en la pintura, y que ahora se inclina en sus obras por el lenguaje fotográfico. Asegura que no ha tenido problemas con la puritana sociedad norteamericana, aunque es evidente que tuvo que firmar contratos con los procreadores de esos pequeños que prestan su imagen a un proyecto que habla entre líneas. Los niños en su mundo azul cambian las muñecas por soldaditos, por Superman y por un personaje muy popular en Japón y Corea, Karoro.
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