Pedro Andreu despliega su anatomía amorosa en el último poemario
El joven poeta palmesano ha publicado en Casabierta una antología de textos que escribió entre 1997 y 2006
M. ELENA VALLÉS. PALMA.
A Pedro Andreu le sobran arrobas de literatura por los cuatro costados. En un minuto cronometrado dedica su último poemario, Anatomía de un ángel hembra, segundo libro publicado por la editorial Casabierta, rasgando el papel con una estrofa de seis versos. El poemario del joven vate palmesano, segundo tomo de la colección Palma de Naranja, nació de un conglomerado de libros inéditos, datados entre 1997 y 2006, que no acababan de cuajar por sí solos. El poeta, que ganó en 2001 el Premio Blas de Otero, dio forma a su criatura convirtiéndola en una especie de ensayo de versos del amor: "Es como una ciudad quemada en cuyos rescoldos queda el amor, la vida y la muerte". A la amatoria en sus diferentes vertientes, Andreu le ha atado como contrapunto dos elegías en forma de nana que reflejan el dolor del yo poético ante la pérdida de los seres queridos, en este caso de su padre y su abuelo. La evolución orgánica de la antología amorosa se vislumbra en los títulos de las tres partes en las que está dividida: Dislocación de un ala, Ángeles caídos a golfemia y Llámalo Alquimia. Tras el sentimiento romántico adolescente, que siempre produce dolor y suplicio, de las dos primeras partes, en la tercera, se rastrea cierto resurgir. "Para mí es como El libro del Buen Amor, en el que para hablar del sentimiento óptimo se opta por referirse a todo lo contrario: al mal amor", indica con fruición el juglar contemporáneo. En el poemario, escrito en versos libres, abundan las referencias al mundo del cine, cómic e incluso a la Edad Media, todo envuelto por un estilo propio, lejos de academicismos, ora irónico y paródico (como en Pipa de kif contra Petrarca), ora severo y solemne. Por un momento, confraternizador con la poesía de la experiencia de Gil de Biedma, pero finalmente herido de placer por las rimas de las églogas de Garcilaso de la Vega. A Pedro le gustan los juegos, por ello le atraen irracionalmente los referentes de los poemas golfos de la bohemia nictálope española. Dos novelas inéditas junto a otros dos poemarios reposan en los cajones: "Me he obligado a parar un poco, para no perder la perspectiva".
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