M. E. VALLÉS. PALMA.
Los fantasmas de Bernat Pujol i Matas se arrojan sobre los lienzos para dejar al descubierto unas imágenes "que son formas que piensan", en palabras de Godard. Los aparejos del engranaje mental del artista y dramaturgo mallorquín parten de su pasión por la cultura francófona y japonesa. No es de extrañar que los referentes de las 33 obras que conforman Traginer de records, la exposición que se inaugura esta tarde a las 19.30 horas en el Claustre de Sant Antoniet, sean deudores directos de la cinematografía de estos dos países. La exposición se escancia en dos partes bien diferenciadas. Por un lado, penderán de las paredes 18 paisajes personales e íntimos, de impronta minimalista, que provocan una sensación de tranquilidad en el espectador. Para Pujol, se trata claramente de un homenaje al cine y más concretamente al director Akira Kurosawa y a la estética de su filme Ran: "Me impactó sobre todo la parte de variedad cromática de los paisajes en las distintas escenas de lucha", comenta. Hay una pequeña serie de telas dedicadas directamente a él. Por otra parte, otro de los lienzos hace los honores del cineasta Takeshi Kitano. El gusto de Pujol por el cine japonés viene directamente de su gusto y estudio por el teatro del Sol Naciente, ya que se cultivó en escenografía con un discípulo de Arianne Mouskine, del Teatre du Soleil. Sus referencias al séptimo arte no terminan aquí. El pintor y escenógrafo dedica una obra a L´enfant sauvage de François Truffaut. La segunda parte de la muestra la conforman 15 obras que contrastan con las primeras, puesto que las imbuye una estética cargada y barroca. En este sentido, conectan más con su escenografía teatral. Estas telas, trabajadas bajo la técnica del collage y el relieve, surgen de los recuerdos y sensaciones que en los últimos años han atestado la mente del artista, al leer a Kafka, ver las películas de Orson Welles, Alain Resnais o Marguerite Duras. Un simbolismo mucho más oscuro e imágenes casi quemadas que recuerdan a Porcile de Passolini surgen del gesto. Los espacios cerrados, casi de cartón piedra, del último metraje del cineasta Lars Von Trier están también muy presentes. La muestra, que podrá visitarse hasta el 2 de febrero, oculta una verdad que Pujol se tenía muy callada: "En realidad, yo pintaba mucho antes de dedicarme al mundo del teatro".
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