C.M. PALMA.
Gloria Mas habla delicada, muy dulce. A pesar de que su discurso menta un "mundo perverso", poco propenso a regalar buenas nuevas y donde es difícil imaginar un mejor futuro. "Hay que luchar", asegura. Ella predica con el ejemplo y lo hace desde el arte. Desde un imaginario de suaformas pensadas desde la voluntad expresa de denunciar e invitar a la reflexión. A la obligada pregunta, responde rápida, "no soy pesimista". "Si lo fuera, no podría trabajar". La jornada previa a la inauguración de su última muestra -desde hoy en la palmesana Galería Vanrell- Mas la ocupa en el centro expositivo dejándolo todo listo. "Aquí irán dos proyecciones", comenta mientras señala con el dedo un espacio todavía vacío. "Documentales que abordan algunos problemas sociales", ilustra. Todo lo demás parece en orden. Llaman la atención las catorce sillas metálicas que, distribuidas en círculo, ocupan buena parte de la sala, esperando ser ocupadas. "Son para los catorce sabios", explica, "aquellos a quien nos empeñamos en no escuchar, a pesar de sus discursos necesarios". Sus nombres, revela, poco han cambiado desde los tiempos de Grecia. "Son lo mismos de siempre". Uno de los tronos, para Noam Chomsky, "gran pensador y filósofo al que no le hacemos mucho caso". Cuatro grabados y siete grandes y acristaladas epístolas escritas con caracteres de estaño ininteligibles, completan el recorrido. Estas cartas de destino improbable, "muy ligadas a la mujer", anuncia. Los grabados: otras dos misivas, una espiral que nace del vacío y un mar de tierra y humanidad.
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