entrevista. Pep Canyelles / Escultor
´Asumo que soy un clásico al que no le gusta disfrazarse de moderno´
El artista repasa con DIARIO de MALLORCA su trayectoria a raíz de la exposición retrospectiva que le ha dedicado el Casal Solleric y que hoy llega a su fin: "Soy como el hierro, tozudo", afirma
 
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Pep Canyelles, escultor forjado al hierro, clausura su exposición en el Solleric.  Foto: Lorenzo
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LOURDES DURÁN. PALMA. Pep Canyelles está forjado al fuego a pesar de su aparente fragilidad física. Ha sido la fragua la que ha determinado su existencia. Su padre, herrero de profesión, le enseñó los rudimentos del oficio antiguo que con el paso del tiempo a él le han mudado en escultor. "Soy como el hierro, tozudo". A su edad, le quedan dos años para alcanzar seis décadas, el ímpetu de las prisas se desvanece por nimio. "Mi estado óptimo de trabajo, conseguido con el tiempo, es el disfrute. Si me siento siento presionado, ¡en Pep no funciona!". Hoy se clausura la exposición retrospectiva en el Solleric que ha permitido ver su evolución de 1985 a 2007.

-Una antológica. Son palabras mayores.
-Al principio me dio un poco de susto. He intentado hacer un ejercicio de humildad y sinceridad al elegir las piezas más adecuadas, sin esconder nada porque mi camino no ha sido recto y se han producido equivocaciones. También pensé, cuando me lo ofrecieron un año atrás, que había llegado el momento adecuado porque no creo que estas retrospectivas se tengan que hacer cuando uno está viejecito y ya no puede ni moverse.

-Habla de sinceridad. ¿Puede ser sincero describiendo su trayectoria?
-Son veintidós años que quise ver con serenidad y con cierta distancia. Elegí las piezas yo porque no necesité a nadie para que me la comisariara. Tengo mi obra catalogada. En el taller sigue habiendo piezas inéditas, pero ¡cómo decirlo!, decidí mostrar las más adecuadas en el sentido que dieran visión de la época o del tránsito de una época a otra como las que hice en mármol blanco y que no son habituales. Este tipo de esculturas me permiten desempacharme del hierro.

-¿No ha sentido la saturación del material que suele elegir para sus esculturas?
-Claro, siempre te replanteas las cosas, soy curioso y cuanto más tiempo pasa, tu criterio se vuelve más selectivo. También hay muchas otras circunstancias.

-¿El frenesí de ver acabada la obra? ¿Dolor?
-No es eso, mi estado óptimo de trabajo es el disfrute, no busco la catarsis. Necesito estar tranquilo, no funciono bien a presión, eso lo hacía cuando tenía 20 años.

-¿La escultura se está volviendo asunto de artesanos? ¿Se dedicará a la instalación?
-En los tránsitos y en los años 90 hice algunas y no quiero decir que no vaya a hacer alguna otra, sólo que no es mi mundo, ni mi camino. A mí me interesa la cocina del trabajo, la pieza única en el sentido más clásico de la palabra. Sí es cierto que se están produciendo cambios en los lenguajes artísticos, que muchos pintores y escultores están desapareciendo, pero frente a esta realidad, sigo creyendo en la escultura clásica. En cuanto a lo artesanal, el oficio es el soporte donde el artista se apoya para tener un discurso. Comprendo el cambio de lenguajes, la experimentación, que a la vez está produciendo un enorme vacío en todos los ámbitos. Me han dicho que no tengo cabida en los circuitos actuales, pero prefiero que se respete mi trabajo por lo que es. Me parece más patético que un artista de mis años se pase de repente al otro lado. Asumo que soy un escultor clásico al que no le gusta disfrazarse de moderno.

-¿El hierro imprime carácter?
-(Risas) Sí, soy como él, tozudo.

-¿Qué queda del joven artista que estuvo en el grupo Criada?
-Trabajo ligado al compromiso personal. Es una constante en mi vida. En los años 70 cuando se habló de la nueva plástica mallorquina se vivía a tope el cambio del régimen. No soy consciente de la importancia que tuvo estar en Criada, aquel grupo mítico en la plástica de Mallorca. Yo estaba en el PSI, sólo que estar en un partido no me dedujo y lo abandoné pronto.

-Presidió la Asociación de Artistas en tiempos beligerantes, en oposición al museo Es Baluard.
-Siempre he asumido el compromiso. ¡Es que creo que no se puede ser de otra manera! Si un escultor, un artista, es un agente cultural, de qué sirve si no plantea reflexiones. En este sentido, después de tantos años, el único compromiso es con mi propia cultura: la isla. No seré yo quién diga que no me parece bien el crecimiento económica de esta tierra que fue tan pobre, sólo que el precio pagado ha sido muy alto. Para mí, la cultura es un compromiso individual con la cultura, la lengua, el pasado.

-Señor mío, el arte es elitista.
-Claro que es un lujo, por eso son las instituciones públicas las que deben crear plataformas adecuadas para que el ciudadano disfrute del arte. Cuanto mayor me hago, creo que el arte se hace más espléndido si su raíz está en su cultura. No sé, le doy vueltas al asunto, no cierro nada. ¡Espero contestarme muchas de las preguntas con los años!

-Algunas de sus piezas están en la vía pública. ¿Cómo es su relación con la arquitectura, con conceptos claves como vacío/lleno?
-No sé hasta qué punto es una cuestión consciente o es innata. Es el equilibrio entre ambos lenguajes. Mis problemas de composición proceden de buscar el equilibrio arquitectónico. Mis piezas no son tan dinámicas. En ellas predomina el sentido de verticalidad y no te puedo dar una razón racional. La escultura para mí es una manera de enraizarse y mis raíces van hacia arriba. Busco el aire y la transparencia. Las hago más etéreas, sobre todo las de los últimos seis años.

-Son pocos los artistas que recuerdan a sus maestros o que lo expresan. ¿Cuáles serían los suyos?
-Siempre he agradecido a mi padre que me enseñara todo lo que sé. En cuanto a escultura, por encima de todo, soy un apasionado de Julio González y de Oteiza. Éste es el gran escultor y tenía unos cojones. Siempre decía lo que pensaba.

-¿Por qué el gran formato en los últimos años?
-Depende de cómo surgen las ideas. En los últimos nueve meses llevo trabajando en piezas pequeñas. Me gusta ponerme retos. primero dibujo en el cuaderno y a partir del objeto pensado, busco la escultura. Eso ha ocurrido ahora en la próxima exposición que preparo para Can Fondo en el mes de marzo en Alcúdia. Presentaré piezas de ensamblaje. ¡Me lo he pasado muy bien!
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