Susy Gómez viaja a su pasado emocional y familiar para aterrizar en el ´Ahora es ahora´
Las más de 40 obras, entre cuadros, fotos y esculturas, que conforman la muestra podrán visitarse a partir de hoy en la Horrach Moyà
En los bolsos de Grace Kelly de Hermès, Susy porta todo el bagaje familiar y sentimental que conforma su identidad. Foto: Miquel Massutí.
M. ELENA VALLÉS. PALMA.
Susy Gómez se acicala para dar una entrevista a la televisión. Tiene que contestar la pregunta de siempre: "¿Pertenece tu arte a la corriente feminista?". La pollencina hace una mueca. Cariacontecida, aclara que no le gustan las etiquetas. Yendo al grano, su nueva exposición en la galería Horrach Moyà es un ensayo plástico sobre la ascendencia familiar como conformadora de la identidad personal de cada uno. Ahora es ahora se abre hoy al público y podrá visitarse hasta el próximo 8 de marzo. El título de la muestra es una alusión a la contracultura de los 60 ya que se trata de una expresión del antropólogo y escritor Carlos Castaneda. "La he tomado prestada porque viene a significar que cualquier tiempo pasado nunca fue mejor". Las más de 40 piezas de la exposición se reparten en cuatro espacios distintos de la sala. Una fotografía de rostro de mujer porta una flor blanca en la boca. Da la bienvenida al visitante e invita a que la recoja para pasearla durante todo el recorrido. En el mismo espacio, tres piezas de vastas dimensiones: tres réplicas en blanco, rosa y marrón del Kelly bag de Hermès (el clásico de la actriz y después Princesa de Mónaco), fabricados en Inca por Pere Siquier. "Lo importante de ellos es lo que cabe dentro", señala Gómez. Estas piezas recogen la idea central del vídeo Father Mother, situado en la sala negra del primer piso, que muestra un taller de sanación de constelaciones familiares para reconstruir lazos rotos a partir de la premisa de que siempre se actúa por amor. El hilo conductor de toda la muestra son unos cuadros de pequeño formato, monocromáticos, abstractos y muy matéricos que dibujan una especie de geografía personal del alma de la artista. Con ellos, se pretende que el espectador se vaya cuestionando a sí mismo y sus movimientos anímicos a través del viaje que propone Susy. En el siguiente espacio, en la sala adyacente, se traspasa el umbral por la dimensión del futuro para terminar en el pasado. Allí, un cuadro de corte más contemplativo y de gesto más suave se enfrenta a un vestido de hierro forjado que recibe al visitante con los brazos abiertos. Es como una puerta al pasado. En la misma sala, reclinados en la pared, una veintena de dibujos (unas raíces, una casa o un autorretrato) ilustran el autoexamen de la conciencia. Al fondo, la estatua de una lápida está partida. "Se trata de un homenaje a la imperfección familiar de la que a veces provenimos", explica Susy. El piso de arriba parece una pasarela de moda. Está invadido por once vestidos de aluminio fundido que representan un homenaje a las mujeres de la generación de Gómez.
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