LLORENÇ RIERA
Si la operación limonium culmina con éxito, el ayuntamiento de Calvià deberá plantearse en serio cambiar el plácido cordero del escudo oficial del municipio por el frágil vegetal amenazado. Los emblemas y representaciones son adaptables a ritmo de actualidad y hechos cruciales. Sería un acontecimiento de dimensiones mayúsculas comprobar cómo la salvaguarda patrimonial de un endemismo vegetal resulta determinante para arbitrar un Plan General, nada menos que de Calvià. Esto es lo que pretende la conselleria de Medio Ambiente marcando una línea que ahora también asume el Consell de Mallorca dentro de sus competencias de regulación urbanística. Por el momento quedan marcados los tiempos de la gran estructuración global del municipio. A Carlos Delgado se le ha desbaratado la operación que acariciaba tendente a firmar convenio con el silencio administrativo y aprobar definitivamente el PGOU antes de que den las campanadas del próximo día 31. Era su campanada particular pero, por el momento, el badajo le queda paralizado por intromisión de una planta casi anónima, bien definida en lo científico, pero difícil de homologar dentro del vocabulario popular de la isla. Hay que navegar dentro del lenguaje marinero para hacerlo.
Con ser muy importante en si misma, la protección del limonium se ha convertido en todo un símbolo de alto contenido. Si se destruye su hábitat se acabará con una planta exclusiva, en una pérdida que ya tiene demasiados precedentes. Mimar el limonium y acotarlo en términos legales significa también, ahora mismo, comenzar a invertir los términos y entrever que el cemento y el asfalto no pueden conformar el bosque pétreo exclusivo de Mallorca. A fuerza de pensarlo así, el verde se ha convertido en oro. Por eso hay que salvar al limonium y si se hace bajo jurisdicción calvianera, es toda una bandera.