Bonito Oliva selecciona a Albert Pinya para una colectiva de las vanguardias más lúdicas
Escogido por el reconocido crítico y comisario italiano, un poema objeto del artista mallorquín comparte exposición junto a obras de Dalí, Duchamp o Manzoni
Pinya, en su estudio palmesano, junto a algunas de sus obras recientes.
CARLES MULET. PALMA.
La Muerte feliz de Albert Pinya, un cráneo que viste nariz roja de payaso, yace ahora más sonriente que nunca. La obra, un simpático y atrevido homenaje al fin -uno más de los infinitos poemas objetos que inundan su estudio palmesano- descansará en paz, hasta el próximo mes de marzo, junto a las propuestas de grandes maestros del atrevimiento artístico como Salvador Dalí, Marcel Duchamp -cuya famosa Fuente llega por primera vez a España- Piero Manzoni, René Clair, Alighiero Boetti o Nam June Paik. El principal responsable de esta colectiva itinerante, de este No va más. The Game´s On, un reconocido comisario, Achille Bonito Oliva, promotor de la llamada transvanguardia y una de las figuras centrales y firma más influyentes que ha regalado la historia reciente de la crítica del arte. El escenario, el Museo Vostell Malpartida de Cáceres, veterano enclave expositivo que no cesa en su empeño por apostar por las formas de cultura más arriesgadas y que ha querido ahora abrir sus puertas a este internacional homenaje a la creación lúdica de la vanguardia. A sus casi veintidós años, Albert Pinya no tiene tiempo de asimilar todo lo que lo ocurre. Está llamado, parece, a disfrutar de un futuro que promete mucho, a ser un gran artista dentro de los grandes. Desde hace un tiempo cada cuadro que pinta enamora a coleccionistas visionarios y a expertos galeristas. Cada poema objeto que fabrica, cada escultura que moldea y cada performance o instalación que imagina acaba dando que hablar. Su modestia le impide, todavía, darse cuenta. "Esta exposición ha supuesto para mí una inyección de energía, un impulso creativo para seguir trabajando, para no parar. La verdad es que jamás había imaginado que podría ocurrirme algo así". Lejos de alimentar su ego, la llamada de Bonito Oliva ha servido para motivar, aún más si cabe, a un creador hiperactivo, compulsivo y espontáneo que ha encontrado en las formas más sencillas del arte una manera de plasmar sueños, obsesiones, memorias y deseos. Y también para retratar con ironía muchas cosas criticables de una sociedad que no termina de convencer al joven artista mallorquín. Pinya y su Muerte feliz llegaron a ojos de Oliva gracias a un coleccionista milanés. Éste descubrió la obra del mallorquín pintada en las paredes de una pequeña tienda de ropa palmesana. Horas después se presentó en su estudio, le compró doce lienzos y se los llevó a Italia. Allí la enseñó en petit comité, la mostró a un selecto grupo de ojos entre los cuales se encontraba un buen amigo de Oliva. Sabedor éste de que No va más. The Game´s On se estaba gestando en la mente del comisario no dudó en llamarle. Doce obras y un catálogo fueron suficientes para que Achille Bonito Oliva viera en Albert Pinya a un emergente con garantías de futuro, y en su cráneo de nariz roja una pieza imprescindible en esta suerte de guiño colectivo al azar, la ironía y el juego en el arte contemporáneo que estaba preparando. Cáceres acogerá la exposición hasta el próximo mes de marzo. Después, ésta se paseará por el IVAM valenciano, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Málaga y el Museo de Arte Contemporáneo cordobés.
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