ARTE. art colonia. apertura de puertas
Primer paseo por las calles de Art Colonia
La feria de arte se estrenó ayer ante el público en una jornada que transcurrió tranquila, sin colas, y en la que ya se efectuaron las primeras compras tanto en galerías de fuera como en las de ámbito local
 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
Los primeros visitantes llegaron a las 13 horas y recorrieron los dos pabellones del recinto firal de la terminal A.  
 MULTIMEDIA
M. ELENA VALLÉS. PALMA. Art Colonia es un ensanche de calles y arterias, cruces octagonales y manzanas cuadradas que ocupan los pabellones 1 y 2 del recinto ferial de la terminal A de Son Sant Joan. A las 13 horas, el tráfico era fluido. Ni rastro de colas en la entrada. Eran los primeros minutos de un retoño con aspecto de feria. Una prueba de fuego. Los primeros curiosos se adentran en el primer recinto que augura un urbanismo poco monótono. La galería Senda y la Hilario Helguera saludan a los curiosos desde la primera esquina. Un díptico de óleos sobre lienzo de Joaquim Chancho a mano izquierda se asentan en un arte tradicional, pero de calidad; por la banda derecha, los esqueletos de Adán y Eva yacen bajo una mesa desparramados y muertos de amor. Damien Hirst se arriesga con la colocación de unos cadáveres tras el banquete de su boda y la ingesta de litros de alcohol.
Ante la maestría del descaro, Francisca Lladó, una de las primeras mallorquinas que pone los pies en la feria, comenta: "Me gusta que haya propuestas creativas y novedosas. Es una oportunidad única para ver estos artistas en la isla". En los adentros del coloso de 8.000 metros cuadrados, las primeras pegatinas de círculo rojo sobre los pasquines de las piezas indican que ya se han realizado las primeras transacciones matutinas. Las vacantes en las paredes son del artista Bill Thomson. Su Spacetoy, Tomtom y Badge ya tienen dueño. Las galerías mallorquinas también han debutado en el intercambio del peculio. La Maior de Pollença vendió una instalación de techo de Daniel Canogar. Xavier Fiol hizo lo propio con los cuadros del mallorquín Santiago Picatoste. "No podríamos haber empezado mejor. Otros compañeros también se han estrenado, pero sería de vital importancia que las galerías que vienen de fuera hicieran negocio para volver el año que viene", puntualiza Fiol.
Pep Pinya, de Pelaires, atiende a unos clientes y los trabajadores de la Cano muestran catálogos a potenciales compradores. Pero todo en un ambiente de laxitud tal que incluso unos visitantes extranjeros portan sus propias sillas plegables, de colorines al estilo playero, para no perderse detalle. El contraste lo aporta el director de la feria, Gérard Goodrow, que sobrevuela el pavimento mimando a los coleccionistas con el programa de actividades para VIP´s. Cristina Amengual, residente en la isla, se interesa por una obra que cuesta 130.000 euros, aunque lamenta que no entre dentro de sus posibilidades: "Los precios son muy elevados. La entrada, de 15 euros, también nos parece algo cara", comenta con sus amigas.
Los diferentes barrios artísticos de la feria muestran que lo museable y las ventas hacen buena pareja.
COMPARTIR
 


  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  DIARIO DE MALLORCA |  LOCALIZACIÓN |  REDACCIÓN |  SUSCRIPTORES     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR  
diariodemallorca.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de diariodemallorca.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 
  Aviso legal
  
Otras publicaciones del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  | La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | El Boletín  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review