Los artistas Max Kaminski y Nigel Hall ocupan el Centre Pelaires
"Presentamos dos exposiciones por vez primera por la dificultad de exponer a uno solo. No es una confrontación"
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Nigel Hall frente a una de sus esculturas. Foto: Miquel Massutí.
LOURDES DURÁN. PALMA.
No hay diálogo. Tampoco "confrontación". Que Nigel Hall, escultor de Bristol , y Max Kaminski, pintor ruso alemán, ocupen a la vez el Centre Cultural Contemporani Pelaires se fundamenta en razones prácticas. "Era difícil exponer a uno sólo", indicó ayer Frederic Pinya. De hecho, cada uno se sitúa en un nivel distinto de la galería. La escultura, abajo. Y para ver a Kaminski hay que ascender al primer piso.
Mientras para Nigel Hall su trabajo en obras de madera y las últimas en acero cortén, colgadas en la pared y con una clara aspiración a la ligereza, desprenden un aire más sereno, la pintura de Kaminski es densa.
"Me he basado en la filosofía de Empédocles y en el personaje de Holofernes decapitado por Judit. Me interesó este dramatismo", comentó el pintor. El argumento ha sido utilizado por Tintoretto, Caravaggio y otros maestros del tenebrismo italiano. Tres siglos después, Kaminski asegura que "están claros los referentes, pero cuando trabajas no piensas en el porqué". Concede que "la teatralización le inspira de una manera rotunda", y se nota en sus composiciones.
Leve
En el caso de Nigel Hall, sus piezas cubiertas con madera de haya y otras con acero cortén -de ahí que muestren ese aire liviano-, son líneas que se curvan y se enlazan formando la épsilon, la letra del infinito.
Viajero impenitente, Venecia, Suiza y Mani, en Grecia, han sido los últimos escenarios "que me han inspirado". De la primera, el "movimiento de los gondoleros, si giro, tan simétrico me inspiró", comenta. Del resto de lugares, nada concreto, "su aire, su atmósfera, su luz". Hall asegura que su máximo interés "es plasmar lo ligero".
Los juegos de luces y sombras también abundan en sus piezas. Asegura que "aunque algunas las cuelgue, no lo he hecho como metáfora de que se hagan cuadro porque tienen volumen".
Hall explica una anécdota: "Roland Penrose, amigo de Picasso, me invitó a participar en una exposición colectiva de surrealistas. Cuando estuve en el desierto de Arizona cambió algo en mí y cuando entregué mis obras desnudas, no lo aceptó. No entendía que a un inglés le interesaran los paisajes vacíos".
Para ambos lo esencial en quien les mira es "que se sitúe sin prejuicios frente a la obra". Kaminski incluso apuesta por "quitar las etiquetas de los museos a ver qué pasa".
No quieren, sin embargo, situarse como espectadores respectivos. "La obra de Kaminski es muy distinta a la mía, pero yo le respeto. Lo importante es no poner etiquetas", dice Nigel. El pintor asiente.
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