FRANCESC M. ROTGER
Todavía no me había pasado por esta galería de Palma, Aba Art, y eso que hace ya un tiempo que la abrieron. Queda en la Plaça de la Porta de Santa Catalina, junto a los viejos y bellos pinos que quisieron quitarnos para poner un aparcamiento; hay tres alcorques vacíos, la huella triste de tres gigantes guerreros, que decía Costa i Llobera, desaparecidos, pero también un joven arbolito que continúa creciendo lentamente, bajo el sol y la lluvia de febrero. Desde fuera, Aba Art recuerda, quizás, a un comercio de hermosas mercancías, de tonalidades mediterráneas, abrigado por los soportales de la plaza. Un rostro de mujer de rasgos bizantinos, con la inscripción "Days of Glory", decora la pared vecina.
En Aba Art está exponiendo estos días Marga Gómez del Cerro. Las letras como anaranjadas de su nombre acompañan al título de la exposición, Equilibri, en negro.
Esta artista construye sus creaciones con los materiales, madera y metal, fundamentalmente, que encuentra abandonados por la marea: hierro oxidado por el agua, restos de antiguos troncos deformados por el salitre y la caricia mecánica de las olas. En este espacio blanco y amplio, con el nombre de la galería en cuatro cubos con luces que parpadean, se exhiben esculturas, fotografías de superficie brillante y un vídeo, balanceado por el broar de la mar en su sonido.
UNA BICLETA de esqueleto herrumbroso, como si fuese la del caballero Lancelot, que imaginó Mark Twain en su Medievo transgredido, es una de las extrañas criaturas de la muestra. Seres entre pájaros y percheros, que recuerdan, tal vez, a los almanaques del Padre Ubú.
Laberintos míticos de alambre, la materia desgastada por el azar pero elegida por la mente de la artista, viejos maderos que parecen vértebras de monstruos marinos, de ballenas vagamundas por los cinco océanos.
Repertorio de construcciones mixtas, puede que premeditadamente sin título para dar rienda suelta a la imaginación del visitante, por ejemplo: el paraguas de un gnomo, la osamenta de un myotragus, la embarcación de los argonautas con remaches metálicos, un metrónomo paralizado por el tiempo.
¿Arte concebido sobre restos de naufragios? O tal vez el arte salvado de las aguas.
LA PALABRA que da título a la muestra, Equilibri, se asoma a esta imagen, de un caracol, en cuidadosa pose de funambulista sobre un tronco; o en esta otra, de una piedra cuarteada (como en petroglifos) en delicada posición, como un delirio geológico, sobre la arenisca. "Ferro + terra", una expresión con el mismo sonido de las olas, es una de las que aparecen en el vídeo: una lata, un montón de clavos, convertidos en materia distinta por la lenta metamorfosis de la mar. El contraste entre los frutos rojos y las hojas verdes. E imposibles construcciones de piedra, sostenidas como por prodigio: por el dedo, invisible, de un ángel.
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