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El concurso de acreedores

05.03.2016 | 02:38

Mayo de 2010 fue un mes dramático para el Mallorca. Mateu Alemany estaba al frente de la entidad –en enero se le había arrebatado a Vicenç Grande–, pero no encontraba comprador para un club que arrastraba una deuda de más de 65 millones de euros. El 18 de mayo decide solicitar el concurso voluntario de acreedores. Y el 10 de junio de 2010, la titular del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Palma, Encarnación García, daba su visto bueno. Nombra a tres administradores –Sebastià Frau, José Miguel Cregenzán y Armin Krag (se repartieron 1,3 millones)–, para tutelar la entidad y negociar el convenio con los acreedores. Curiosamente, el concurso permitió al Mallorca fichar, ya que tenía los derechos suspendidos por la deuda que había contraído con el Athletic de Bilbao por el fichaje de Aduriz.

57 millones de deuda. Con el club ya en concurso, Llorenç Serra Ferrer se hace a finales de junio con la mayoría de las acciones. Más de un año después, el 22 de septiembre de 2011, la jueza da por concluida la fase común del concurso en el que está inmerso el club por una deuda de 57 millones de euros.
El 13 de diciembre, el Mallorca logra la aprobación del convenio en la junta de acreedores celebrada en el juzgado de lo Mercantil número 2, consiguiendo adhesiones por un valor de 16.681.618,74 euros. Eran necesarios 13´1 millones. Se aprueba con los votos en contra del Sevilla, Athletic y Manzano. Durante diez años el club está obligado a pagar cuatro millones de euros en concepto de amortizaciones tanto a los acreedores ordinarios (que liquidarán su deuda en cinco años) como a los privilegiados (Hacienda cobrará en diez). La deuda pasa a ser de 40 millones (13 la ordinaria) y (27 la privilegiada: Hacienda, Seguridad Social y bancos).

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