100 años en 100 historias: 1916-2016

Cúper, una leyenda en el banquillo rojillo

Su nombre está ligado a la mejor etapa del Mallorca en Primera, entre 1997 y 1999, con permiso de Luis Aragonés - Héctor Cúper lideró a un equipo que fue quinto y tercero en la Liga, ganó la Supercopa de España y alcanzó las finales de Copa del Rey y Recopa de Europa - En su segunda etapa salvó a los rojillos en 2005 y dimitió en 2006.

25.01.2016 | 01:57
Héctor Cúper celebra en el Consolat el título de la Supercopa en 1998.

Cúúúper, Cúúúper, Cúúúper", ha coreado el mallorquinismo tantas veces que incluso cualquier aficionado con edad para recordarlo lo tendrá fresco en su memoria. El argentino Héctor Raúl Cúper (Chabas, 1955) es uno de los grandes entrenadores ilustres de los cien años de vida del Mallorca, junto a Juan Carlos Lorenzo, Antonio Oviedo, Luis Aragonés y Llorenç Serra Ferrer. Su historia como bermellón está ligada al rotundo éxito en su primera etapa y al sufrimiento en la segunda, pero para entender los años dorados de la entidad es obligado recordar su figura.

Llegó en el verano de 1997 como un gran desconocido en el fútbol europeo y, por supuesto, nacional. El presidente Bartolomé Beltrán, asesorado por la empresa Bahía Producciones, había apostado por un joven técnico, de apenas 41 años, que había conseguido brillar en los banquillos de su país con el subcampeonato en el torneo de Clausura con el Huracán en 1994 y el título sudamericano de la Copa Commebol con el Lanús en 1996. Cúper buscaba que el Mallorca fuera rocoso, "con mucho orden", una frase que repetía constantemente. Y lo consiguió con creces. Con una plantilla plagada de futbolistas con hambre de triunfo, como los fichados Roa, Romero, Iván Campo, Engonga, un jovencísimo Valerón, Mena y Amato, entre otros, más la base de los que habían ascendido el curso anterior, como Olaizola, Soler o Stankovic, entre otros, los rojillos fueron la gran revelación de Primera División. Fueron quintos, que suponía la primera clasificación para Europa y alcanzaron la final de la Copa del Rey, que perdieron de forma dramática en los penaltis ante el Barcelona en Mestalla. "Es lo contrario a todos los entrenadores de su país. Este tiene mucha pala y poco pico", decía siempre sobre Cúper el famoso periodista José María García. Su primer curso ya había sido todo un hito para un club recién ascendido, pero es que la segunda fue todavía mejor.

La temporada 1998/1999 empezó con el primer título de la historia del Mallorca, ya que conquistó la Supercopa de España al vencer al Barcelona (2-1 en el Lluís Sitjar y 0-1 en el Camp Nou). Cúper consiguió elevar el nivel con un equipo que habían abandonado algunos de sus referentes y al que habían llegado Siviero, Miquel Soler, Ibagaza, Lauren, Dani y Biagini, entre otros. Los bermellones llegaron incluso a ser líderes arrancando elogios del panorama nacional e internacional por su fiabilidad en defensa y pegada en ataque. "Y algunos nos acusaban de que no jugábamos bien a pesar de que ganábamos muchos partidos", decía el de Chabas años después recordando con nostalgia aquella campaña. Alcanzar la final de la Recopa de Europa no fue casualidad, después de eliminar al Chelsea en las semifinales, pero en la final el Lazio de Roma, lleno de estrellas como Vieri y Nedved, fue mejor. En la Liga, además, consiguió la mejor clasificación de su historia, ya que concluyó en una brillante tercera posición. El Mallorca, que dos años antes militaba en Segunda División, iba a disputar la Liga de Campeones. El presidente Beltrán intentó por todos los medios que el técnico renovara una temporada más. "Nosotros te queremos, Cúper quédate", se oía constantemente en las gradas del Sitjar en los últimos partidos de aquel curso, pero su prestigio era imparable. El mallorquinismo se quedó sin su gran ídolo. Finalmente apostó por el Valencia en el verano de 1999, donde siguió triunfando alcanzando dos finales consecutivas de la Champions y conquistando una Supercopa.

Después de haber dirigido también al Inter de Milán, y tras un año sabático, Cúper acudió al rescate del Mallorca, que estaba en puestos de descenso en la décima jornada del curso 2004/2005. Sustituía a Benito Floro, que apenas aguantó tres meses en el cargo. Es la temporada del ´milagro´, ya que consiguió salvarse tras recortarle al Levante once puntos en las últimas siete jornadas. Una hazaña en toda regla porque el propio entrenador había reconocido que estaba "casi imposible". Hizo debutar a un jovencísimo Víctor Casadesús para salvar un curso terrorífico. Eso le valió continuar, pero las cosas no le salieron nada bien. El 13 de febrero de 2006, con un equipo que no levantaba cabeza y que llevaba camino de la Segunda División –colista con diecinueve puntos tras veintitrés partidos–, decidió dimitir antes de que le despidieran y perdonó su salario. "Se va un amigo y un ídolo", dijo el entonces presidente Vicenç Grande. Ahora es el seleccionador de Egipto, pero tiene fijada su residencia en una Mallorca que le adora. Es lo que tiene ser una leyenda.

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