M. ELENA VALLÉS. PALMA.
El esteticismo y la creatividad son acaso el último refugio del fracaso de la vida. La actriz y directora cinematográfica Sílvia Munt, la misma esbeltez, el mismo chasis de bailarina de clásico, también tiene Pretextos -título de la película que presentó ayer en el ciclo Cinema d´autor a l´Augusta, organizado por la Universitat de les Illes Balears (UIB)- para justificar su existencia diaria. Los suyos, si demandaran una calificación, serían tildados de pura mesura y moderación: "Busco un equilibrio entre lo imaginario y lo exterior, pues lo que nos circunda nos puede volver locos", asevera, no sólo con la palabra sino con esos ojos que apreta como moluscos cuando sonríe.
Munt, que estuvo ayer en la misma sala (la número 1) del cine Augusta que horas después proyectaría su película, no sólo empleó la rueda de prensa para dar difusión a su creación fílmica, "un espejo de mi sociedad burguesa, acomodada, mimada y perdida, a la vez que busca sus pretextos para vivir", sino que vació sus opiniones sobre la industria cinematográfica en general y la española en particular, que nunca acaba de pasar un buen momento "por falta de voluntad política".
Pretextos (2007) es la primera película de ficción de Sílvia Munt en la gran pantalla. Anteriormente había estrenado el cortometraje Lalia (1999), sobre la problemática saharaui, y el largo Gala, que versa sobre la mujer de Salvador Dalí. "Me puse a escribir la historia de esta película para primero entenderme a mí misma y después comprender a los demás, y sobre todo las motivaciones (o no motivaciones) que impulsan a la gente a vivir", relata Munt, quien cree que todas sus obsesiones personales están presentes en el metraje y salpican a su vez a los personajes de la cinta. Uno de los pretextos que con inmediatez asalta a algunos de los protagonistas de la película es el amor. "El filme nos dice que el amor es imperfecto y así creo que lo debemos entender. Sufrimos una sobredosis de información romanticoide y a veces esperamos un no sé qué en la pareja que nos aboca inevitablemente en la decepción", rubrica sensata, con ese cuello de cisne que Dios le ha dado.
Sobre los estados carenciales del cine español, Munt se cuestionó en voz alta si realmente existe una auténtica intención de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Sus palabras, un pozo de pesimismo, "no, no, perdón, de realismo", clarificó la actriz y directora a los medios. Puestos a poner el dedo en la llaga, Munt apuntó certero hacia la publicidad pagada de las películas: "No hay ayudas a la promoción. Tampoco las televisión ayudan. Sólo un par de medios de comunicación como vosotros, que habéis podido venir porque gente como el escritor Biel Mesquida [colaborador de este diario] organiza encuentros como éste. El nuestro es un producto sin promoción". Munt cree que la gente no va al cine a ver un filme porque no sabe que existe. "El resto de razones que se dan son una manipulación más", denuncia. La actriz cree que en España se deberían tomar algunas medidas a imagen y semejanza del país vecino, Francia, "pues en él toda la recaudación de taquilla, tanto de cine extranjero como autóctono, se destina por ley al cine galo", explica, "pero vivimos en un país lleno de funcionarios que no hacen nada en todo el día", sentencia.
El último reto de Sílvia Munt es la dirección dramatúrgica de Comedia española de Yasmina Reza, pieza que se estrenará en febrero en el teatro Valle-Inclán de Madrid.