S. SANSÓ. MANACOR.
Sencillo es el adjetivo que se ajusta a la perfección al acto de entrega ayer, de la ´A d´or´ de la asociación cultural s´Agrícola de Manacor, al arzobispo manacorí, Secretario de la Congregación para la Doctrina de Fe, Luis Francisco Ladaria Ferrer. Celebrado en una iglesia de Sant Vicenç Ferrer llena a rebosar, el homenaje distintivo se caracterizó por un marcado enfoque sobrio, alejado de estridencia, tal como había solicitado el jesuita desde que conoció la voluntad de s´Agrícola.
"Gracias" fue la palabra más utilizada por el jesuita, quien se acordó de la importancia del galardón y de los premiados que le han precedido, antes de citar al también religioso, el poeta Costa i Llobera, para especificar que "aunque prácticamente sólo he pasado mi infancia en Manacor, no me siento en absoluto desarraigado. Todavía frecuento la ciudad en donde tengo muy buenos amigos. Descubrir raíces nunca desarraiga".
La ceremonia se inició puntual a las nueve de la noche, con la recepción de autoridades a las puertas de la parroquia de es Covent. Poco a poco, fueron llegando tanto el alcalde de Manacor, Antoni Pastor, como el president del Govern, Francesc Antich, quien confirmó su asistencia a última hora y que se encargaría más tarde de imponer la insignia a Luis Ladaria, que llegó de negro y con una amplia sonrisa.
Unas 200 personas ya aguardaban en el templo entre murmullos, sólo rotos por las palabras del maestro de ceremonias, Carles Gil, quien dio paso a un pequeño concierto musical introductorio, a cargo del coro de cámara Ars Antiqua, acompañado por el piano de Andreu Riera y precedido por el órgano de Joan Francesc Cortés.
Tras las palabras de bienvenida del presidente de s´Agrícola, Llorenç Femenías, tomó la palabra el rector de la parroquia de Els Dolors de Manacor, Andreu Genovart, quien destacó el marcado carácter conciliador y dialogante del arzobispo Ladaria y la sobriedad de un hombre que, mediante una labor callada, intenta dar una nueva imagen de la Iglesia católica.
Ausencia del obispo Murgui
Acto seguido, el propio Genovart leyó una carta del obispo de Mallorca, Jesús Murgui, excusando su ausencia (está de viaje en Perú) y refrendando las palabras ya dichas.
La imposición de la insignia corrió a cargo de Francesc Antich, el cual compartió honor en el altar con Antoni Pastor. Ambos dedicaron palabras elogiosas para "la máxima autoridad teológica española actual".
El reconocimiento concluyó finalmente sobre las diez de la noche con un refrigerio servido en las galerías del claustro adyacente.