Can Picafort. Embarcaciones de la guardia civil y del seprona vigilaron de cerca a los participantes
M. CAÑELLAS. SANTA MARGALIDA.
No se lo pusieron nada fácil. Pero cumplieron lo prometido. Amén de la prohibición dictada por el Govern, los detractores de la nueva fiesta soltaron una docena de patos vivos para reivindicar una vez más la vuelta a sus orígenes. Aunque apenas se les pudo ver, entre bañistas, patos de goma y las numerosas embarcaciones concentradas en el lugar. Sólo los aplausos del público dio síntomas de ello.
El grupo de ´enmascarados´ volvió así a la carga, convirtiéndose de nuevo en el protagonista de un evento que, en opinión de la inmensa mayoría de vecinos, ha perdido sus raíces desde que las instituciones impidieran a los organizadores el uso de animales.
Poco antes de que sonara la bocina, Francisco Llabrés, promotor de la campaña reivindicativa, destacó la gran implicación de los vecinos, muchos de ellos ataviados con camisetas y caretas. "Intentamos que una tradición de hace 100 años no se pierda y que mantenga su espíritu", afirmó. "Seguiremos insistiendo". "Confiamos en que algún día se pueda quitar la tontería de los patos de goma", a pesar de que las instituciones les han cerrado todas las puertas, declaró.
Medidas de seguridad
Diversas patrullas de la Guardia Civil y del Seprona, junto a la Policía Local, velaron en todo momento por el cumplimiento de la ley. Para ello fueron necesarias dos embarcaciones, agentes con prismáticos y de paisano, e incluso buzos, informó el regidor de Can Picafort, Nofre Plomer. Algunos de ellos esperaron en el puerto la llegada de los navíos participantes para proceder a un inspección, añadió.
Las medidas de seguridad levantaron gran sorpresa entre los residentes."Había más Guardia Civil que si hubiera venido la ETA", comentó al respecto un vecino de la zona. "Estábamos pensando si estaba por aquí la Familia Real", añadió, a colación, Plomer, que lamentó, asimismo, la situación. "Nos sentimos ofendidos". "Los patos siempre han sido el emblema de Can Picafort y nunca pensamos en hacerles daño". "Siempre ha habido patos y siempre los habrá".
Miles de personas expectantes observaron ayer el transcurso de la tradicional amollada d´ànneres de Can Picafort; algunos desde el agua y muchos otros apostados en las rocas y en el paseo. Minutos antes de las doce del mediodía, el gentío ya se había zambullido en el mar para cazar alguno de los patos, que luego sirvieron de boleto en la rifa popular. Sus gritos y las ansias por hacerse con uno de ellos demostró lo arraigada que sigue la fiesta a pesar del cambio de escenario.
Las voces críticas proseguirán el año que viene y los próximos, según han anunciado los organizadores de la campaña de protesta. En esta ocasión, se inspiraron en el Papa para elaborar el vídeo y los carteles propagandísticos, que fueron colgados desde varios edificios. "Volemus patos", rezaba uno de ellos. Y sin duda los hubo.