I. MOURE. CALVIÀ.
De ser localidades de dimensiones modestas, de aroma inequívocamente rural, con casas dispersas y población escasa a convertirse en epicentros residenciales y turísticos que reciben miles de visitantes al año. Y todo en unas pocas décadas. Éste es el abrupto tránsito –abrupto por sus profundas implicaciones a nivel social, económico y paisajístico– que han realizado varios núcleos calvianers y que se evidencia con intensidad si se toma como referencia el número de hectáreas construidas.
De esta forma, la zona de Palmanova y Magaluf constituye el mayor exponente de la magnitud de la transformación urbanística. En 1956, ocupaba una superficie de tres hectáreas. Una minucia teniendo en cuenta que, medio siglo después, la mancha de cemento se había extendido imparable y ocupaba unas 290 hectáreas.
Esto es, prácticamente se había multiplicado por cien, de modo que estos núcleos son los que han experimentado el mayor crecimiento entre las áreas turísticas del municipio, por delante de Santa Ponça, Illetes, Portals Nous y Peguera (por este orden).
Los datos figuran entre la información recogida por el Consistorio calvianer para la redacción del documento de avance para la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).
El caso de Santa Ponça
En la década de los sesenta y setenta, el boom del desarrollo turístico empezó a cambiar la fisonomía del municipio, hasta ese entonces de raíces tradicionales. Como recoge el documento municipal, la urbanización de Santa Ponça cobra forma a partir de estas fechas, pero lo hace de una manera reducida comparado con lo que vendría después.
Tomando como baremo datos de 1968, este núcleo se extendía en aquel entonces a lo largo de 30 hectáreas.
Cuatro décadas después, la trama urbana ocupaba 314 hectáreas. En porcentaje, un crecimiento del 946 por ciento, en la línea del experimentado en este tiempo por zonas colindantes como Costa de la Calma. En esta clasificación de las zonas turísticas que han experimentado un mayor desarrollo urbanístico en las últimas décadas, se sitúa en tercer lugar la formada por Illetes y Cas Català.
Como aparece en la información del Consistorio, en la década de los cincuenta únicamente se había desarrollado la parte del litoral, apenas nueve hectáreas, que en 2007 se habían multiplicado casi por diez, hasta alcanzar las 87 hectáreas. Especialmente significativo en esta zona es el crecimiento que se registró a partir de 1984.
A continuación de Palmanova-Magaluf, Santa Ponça, Illetes-Cas Català, se sitúa la zona formada por Portals Nous, Bendinat y Costa de´n Blanes (con un incremento del 742 por ciento en las hectáreas construidas a lo largo del último medio siglo) y el núcleo de Peguera (un crecimiento del 439 por ciento).
Localidades tradicionales
Una evolución diferente presentan Calvià y es Capdellà, las localidades de interior, con marcado carácter tradicional, que se han mantenido al margen del frenesí constructor que llevó aparejado el boom turístico en el resto del municipio. A grandes rasgos, han logrado mantener su fisonomía.
A mediados del siglo pasado, Calvià tenía una extensión de 21 hectáreas, mientras que la de es Capdellà era de 15.
Cincuenta años después, el espacio urbanizado creció hasta las 29 y las 19 hectáreas, respectivamente. Porcentajes nimios de crecimiento que no superan el 40 por ciento.