M. CAÑELLAS. MARRATXÍ.
No es la primera vez que ocurre en Marratxí, seguramente tampoco será la última. Tal y como ocurre en Llucmajor, esta localidad se convierte, por su vasta extensión y su actividad urbanística, en un imán para los vertederos incontrolados. El número de nuevas construcciones ha caído considerablemente en los últimos dos años a raíz de la crisis del ladrillo, según han informado fuentes municipales, aunque las pocas empresas que se mantienen en activo siguen sin respetar la legislación en materia de residuos.
En los lindes de la urbanización de Sant Marçal, justo donde terminan los viales, pequeños promotores han ido depositando todo tipo de desechos, desde restos de material de construcción hasta mobiliario obsoleto. El cúmulo de residuos se extiende varios metros a lo largo de las calles adyacentes. Paradójicamente, un cartel junto al improvisado vertedero advierte del peligro por obras.
Las denuncias por esta práctica ilegal se repiten constantemente en todos los municipios, sobre todo desde que la tasa por tratamiento de residuos de obra se encareciera. Los infractores burlan a la Policía Local, que se ve impotente ante la facilidad para acometer el delito. La dispersión poblacional de Marratxí es uno de los principales handicaps con el que tienen que lidiar los agentes, cuyas pesquisas, tal y como ocurriera con el robo del cableado eléctrico, suelen ser infructuosas.