LLORENÇ RIERA
La corrección de la modificación del proyecto de ampliación de la carretera Selva Caimari, efectuada por el departamento insular de Obras Públicas, da la justa medida de un modo de hacer las cosas que se vuelve anárquico y caótico, por uniformado. El Consell tiene la misma planilla para adecuar una vía en el Pla, el Migjorn y el Llevant porque está convencido de que es el gran ayuntamiento de la Mallorca metropolitana antes que el coordinador, el administrador y el tutor legal de las 52 administraciones locales esparcidas por la isla. Que estas cosas, como la de la carretera que sirve de portal mayor a Lluc, ocurran en manos de un hombre de cuna y patente arianyera como Antoni Pascual ya es signo de desarraigo abrupto
Resulta una absoluta inversión de términos y funciones, el verte obligado a protegerte de la Administración que se supone abnegada a tu servicio. Esto es lo que les ha pasado a algunos vecinos de Caimari. Han tenido que presionar al Consell para que entrara en razón y entendiera que el enlace con Selva, Inca y toda la serra de Tramuntana no puede planificarse en los mismos términos de una circunvalación de una urbe mediana o los enlaces entre una zona industrial y una gran ciudad. Todo lo contrario, la carretera de la que hablamos y que empezará a ampliarse el próximo mes de octubre, es precisamente el punto de acceso o salida clave, no sólo del primer santuario mallorquín, sino de toda la serra de la Tramuntana, el mayor y más inigualable espacio natural del archipiélago, este mismo que se ha balanceado como reserva de la biosfera y que ahora acaricia su candidatura a la dignidad de Patrimonio de la Humanidad. Es obvio que merecía un trato más serio y profesional a la hora de trastocar un lugar tradicional y patrimonial clave, porque seguramente no habrá carretera más pisada o surcada por las llantas de aquellos carros de la payesía del Pla, el Migjorn, el Raiguer y el Llevant que está que propicia el acceso a Lluc.
Menos mal que el Consell ha rectificado y hará una modificación más coherente con las necesidades reales y de menor impacto. Pero andamos tan escamados que en este caso no nos atrevemos a abonarnos a la creencia asumida según la cual rectificar es de sabios. En este caso es más bien una actuación de oportunistas políticos y de ojeadores de votos. Pero ya va bien, porque la carretera, incluso antes de ser herida, vuelve a criterios más acordes con las necesidades del servicio que debe prestar y compatibles con el lugar en que transcurre. Pero no bajen la guardia porque al Consell se le puede volver a ir el tiralíneas mañana mismo en cualquier otro lugar.