UN ZOO DE ANIMALES PROPIOS Y EXTRAÑOS
Lejos del equilibrio natural consistente y de los espacios que puedan serles propios, Mallorca lleva un tiempo revuelta con las especies de animales silvestres, domesticadas o inmigradas, que de todo hay. La cuestión se mueve entre la protección y recuperación oficial y la carencia o invasión de hábitats. Acabamos de ver como la conselleria de Medio Ambiente ha reintroducido el águila coabarrada en las islas y ha establecido planes especiales de conservación para la tortuga mora y la miloca. Muy bonito sobre el papel y con resultados prácticos efectivos, pero cuando uno ve que al mismo organismo le cuesta horrores arbitrar la protección de Son Bosc en beneficio de un campo de golf junto a la albufera de Alcúdia, resulta inevitable pensar que las cosas podrían ser mucho más sencillas si se aplicaran criterios coherentes. Pero no, como las personas y mucho menos la Administración, no están en su lugar, resulta imposible pretender que los animales estén en el suyo. Por eso nos quedamos con la impresión de estar en un gran zoológico o un parque temático del que, por supuesto, nosotros también formamos parte y en el que todo resulta muy vistoso pero encorsetado.
Por la misma regla de tres nos entran por la puerta de atrás las especies invasoras y desequilibrantes, desde la conocida cotorra argentina que ha tomado Bellver por casa propia a las serpientes que ahora aparecen en Capdepera. Llegan como turistas de categoría innombrable y como polizones entre olivos y palmeras. Los técnicos dicen que habrá que convivir con ellas y los payeses que en la conselleria pueden saber mucho de papeles pero que en fora vila hacen agua sobre secano. Tardará mucho, en el supuesto de que vuelva, recuperar el equilibrio. Entre otras cosas porque el urbanismo y la explotación turística andan de por medio y eso se vuelve pelea de gallos.