Arquitectura

Clase magistral para repensar Son Dureta

Un taller de arquitectura apuesta por dar una segunda vida a los edificios del antiguo hospital

14.08.2017 | 02:45
El reconocido arquitecto Víctor López Cotelo charla con alumnos y profesores en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Balears.

Las ideas de los estudiantes de Formatting Architecture "ponen en valor" el viejo complejo sanitario frente a la propuesta del Govern de tirar una parte. El reconocido arquitecto Víctor López Cotelo da la razón a los alumnos

El tema del taller era el antiguo hospital de Son Dureta, como el año pasado lo fue es Jonquet y el anterior, Gesa. Teniendo siempre presente la ciudad y su relación con el histórico centro sanitario, cinco estudiantes de Arquitectura han participado este verano en el curso Formatting Architecture, donde han esbozado ideas para sacar del olvido los edificios que forman el recinto hospitalario. Sus propuestas "no son concretas ni tan solo viables, pero ponen en valor lo que ya está construido", en palabras del codirector del taller Antoni Gelabert. Como broche de la experiencia práctica, tuvieron una charla crítica y clase magistral con el premiado arquitecto Víctor López Cotelo, que les dio la razón en que "antes de pensar en tirar, hay que estudiar cómo se puede aprovechar", destaca.

El plan de usos del nuevo Son Dureta proyecta demoler tanto el edificio materno-infantil como el de consultas externas (el verde) para construir otro destinado a enfermos crónicos. No obstante, tiene previsto reformar el edificio principal del antiguo hospital. Junto a este, propone construir una residencia para la tercera edad, aunque todo es un proyecto a largo plazo, que se prolongará durante varias legislaturas y cuyo presupuesto asciende hasta los 120 millones de euros.

Durante el primer día del taller, los alumnos visitaron Son Dureta después de cinco años cerrado y "la impresión que se llevaron es que se encuentra en buen estado. Les impactó visitar los quirófanos, las habitaciones, las instalaciones subterráneas y la cubierta, desde donde se ve toda Palma", explica Gelabert. López Cotelo afirma que, "cuando la conservación es buena, se puede intervenir, quitar, añadir, transformar y darle otros usos, pero muy mal tendrían que estar las edificaciones para tener que derribarlas".

Añade que "la estructura de una construcción de hormigón de hace cinco décadas puede durar mucho más, por lo que tenemos la obligación como expertos de plantearnos qué se puede hacer con lo que hay. Cuando al médico le llega un paciente mayor con un problema, no piensa 'como ya es viejo, vamos a matarlo', sino que busca mejorarlo", ejemplifica el reconocido arquitecto. Además, recuerda que los futuros usos que plantea el Ib-Salut son similares a los antiguos, por lo que "no habrá que hacer una transformación muy radical".

En la conferencia que impartió López Cotelo a finales de julio en el Colegio Oficial de Arquitectos de Balears (COAIB), puso varios ejemplos propios en los que dio una segunda vida a edificaciones obsoletas, entre ellas la casa Ponte Sarela, ubicada en Santiago de Compostela y que era una antigua fábrica de curtidos; el conjunto residencial en la antigua vaquería del Carme de Abaixo, en la misma ciudad; y la Escuela de Arquitectura de Granada, que antes fue el Hospital Militar.

Otro aspecto que se tocó en el taller para defender la necesidad de mantener lo construido fue el económico, ya que "entrar con la retroexcavadora en lugar de con el martillo supone gestionar una inmensa cantidad de residuos de demolición para crear una nueva obra", argumenta Gelabert. Tanto los alumnos como los profesores apostaron por "intervenciones más modestas capaces de activar y poner en valor el complejo de forma progresiva y que sean más viables económicamente, en vez de una nueva infraestructura con una fecha de inauguración". Esta segunda opción, propugnada por el Govern, "es más lenta y con más probabilidad de no ser exitosa", concluye el especialista.

Relación con la ciudad

Los estudiantes de Arquitectura también trataron la relación de Son Dureta con su entorno, como el bosque de Bellver y los barrios colindantes. Propusieron ampliar e integrar la zona verde, sin saber que fue la contraprestación que el entonces presidente del Govern Jaume Matas prometió cuando se construyó Son Espases.

Tomaron conciencia de que "no hay que actuar en un lugar de forma aislada, ya que pertenece a un conjunto", y aprendieron que los edificios viejos y olvidados "tienen potencialidades que se deben valorar", como Son Dureta, cuyo "vínculo emocional" con los palmesanos es otra razón de peso para no derribarlo.

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