Semana Santa

El Crist de la Sang volvió a ser 'tocado' por sus fieles más entregados

24.03.2016 | 01:31

Una procesión, la de el ir y venir de la cerería a la iglesia de la Anunciación donde centenares de fieles aguardaban el descenso del Crist de la Sang, la figura más venerada por los feligreses de Mallorca. La antesala del Jueves Santo volvió a ser un éxito de convocatoria. Apenas se cabía en un templo que vio, con la protesta silenciosa de algunos fieles, cómo se llenaba la nave central, el pasillo por el que una hora más tarde se mostraría la talla del siglo XVI tras sacarlo de su capilla y llevarlo en andas por los prohoms y sobreposats de la cofradía de la Sangre, una de las más antiguas de Mallorca.

Redención

Tras el oficio, se leyeron los 14 pasos del Vía Crucis, seguidos por padrenuestros y cantos que rezaban y cantaba la parroquia. "La redención es de siempre y para siempre". Es "entre Jesús y nosotros", recordaba el sacerdote.

Mujeres con el semblante lloroso, con mirada de súplica, o de Dolorosas, y hombres con el gesto adusto, serio, concentrado. Todos aguardaban el momento en que se sacaría de su capilla la figura del Crist de la Sang, que desde ayer y tras su descenso espera a salir en la procesión más importante de la Pascua, la del Jueves Santo. Frente a la talla, la imagen de su madre.

Una vez que se concluyó la lectura de los catorce pasos del Vía Crucis, se levantó la talla histórica del Cristo y fue paseada por toda la iglesia de la Anunciación. Los fieles que esperaban fuera del templo aplaudieron. Hubo algunas personas que se pusieron a llorar. Tras ser tumbado en la nave central, la parroquia fue desfilando y tocando la figura. Le ofrecieron flores, claveles rojos, en su mayoría. Pero son los cirios la ofrenda más común que se le hace al Cristo de la Sangre.

La veneración al Crist de la Sang suele estar asociada al dolor de muchos fieles que tienen alguna enfermedad o familiares enfermos y van con sus súplicas al cristo de madera. Hoy, cuando llega a la Iglesia, ya en recogida, en la madrugada tras el final de la procesión del Jueves Santo, es uno de los momentos más emotivos de la liturgia pascual.

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