Mujeres de hoy

Marta Prats Pérez: ´La Sonrisa Médica rompió el esquema del hospital como lugar de dolor´

16.11.2014 | 06:30
Marta Prats se reconoce más payasa que enfermera.
Marta Prats se reconoce más payasa que enfermera.

Fue la primera payasa de hospital en España. Se llamó Estrellita Vitaminas. Su formación como auxiliar de enfermería la ayudó. "Los niños enfermos son más maduros que los adultos, pero no dejan de ser niños y quieren reír". Lleva diez años sin la nariz roja. No olvida su paso por una organización que cumple veinte años.

Marta Prats Pérez trabaja con enfermos mentales en la Unidad de Psiquiatría de Son Llàtzer. No está hoy aquí como auxiliar de enfermería sino porque fue la primera payasa de hospital de España con La Sonrisa Médica. Esta organización, pionera en dar apoyo a los niños enfermos gracias al humor, cumple este mes veinte años. En los orígenes, Estrellita Vitaminas es clave. Su alter ego, Marta Prats, se puso la nariz roja en primer lugar. Poco después llegarían Camil y Enric. Los tres trabajaron a pelo en algo desconocido para todos. La reacción de los niños enfermos, de sus padres, y poco a poco de médicos y personal sanitario, otorgó esperanza a la organización que se miró en el espejo de Le Rire Médecin de París, y que llegó a exportar la idea al resto de España. Marta nació en Palma en 1971. Ya no es payasa de hospital pero "¡nadie podrá quitarme el orgullo de haber sido la primera!". Ella formó parte los primeros diez años. Ha intentado volver pero "los tiempos han cambiado; y mi vida actual es muy complicada".

„¿Quién fue Estrellita Vitaminas?
„Fue un personaje que fue creciendo desde su nacimiento en Son Dureta, y haciéndose sobre la marcha. Elegí el nombre de doctora Vitaminas pero al llevar dibujada en la bata estrellitas, hay quien me llamaba Estrellita. Yo les decía que no, que soy Vitaminas. Y así de aquella confusión de nombres nació mi personaje.

„¿Cómo era?
„Era la única mujer entre dos hombres, la más joven y la que tenía menos tablas en el mundo del teatro, pero era, al ser mujer, la que me implicaba más con los niños pequeños. Tenía 23 años, me interesaba el teatro pero aquello era muy novedoso.

„¿No le benefició ser auxiliar de clínica?
„Sí, fue beneficioso que tuviera formación porque entendía más el código, la jerarquía que hay en los hospitales, el vocabulario, las normas que había que seguir. Creo que fui el puente entre el equipo sanitario y los payasos.

„¿Cómo les miraban los médicos y enfermeras?
„Como si fuéramos marcianos. Hoy todo ha cambiado, sobre todo en atención pediátrica, pero antes había mucha rigidez, aquella enfermera del póster con la cofia y diciéndote que guardaras silencio. Está claro que un hospital es un lugar de enfermedad pero puede haber alegría también. La Sonrisa Médica tuvo papel fundamental en la transformación de aquel ambiente serio en el que no podía hacer ruido. Ahora parece impensable el cambio cuando ves a los pediatras con las mascarillas de dibujos, las paredes llenas de colores. Creo que nosotros formamos parte de este cambio. Debo decir, también, que hubo muchos médicos y enfermeras que nos apoyaron a normalizar al máximo la enfermedad dentro de un proceso de hospitalización.

„¿Qué diferencias hay entre un enfermo adulto y un niño enfermo?
„Los niños tienen más ganas de jugar. Estoy convencida que los adultos tendríamos que recuperarlas. Éstos son los que se llevan mejor con los niños. Para mí es fundamental rescatar esa parte del juego en la vida. Hay que romper los prejuicios de que en un hospital no se puede reír, no se puede jugar, la visión de que estamos aquí para sufrir. Los hospitales no son lugares donde se sufre, también se puede disfrutar.

„Dejó la organización en su ecuador. ¿Por qué? ¿Volvería?
„Lo dejé porque había cumplido un ciclo, y mi vida era muy complicada en aquel momento para compaginarlo. Tenía tres hijas, y era demasiado. En cuanto a volver, lo he intentado pero ha cambiado el proceso de selección. Si diez años de experiencia no valen nada, pues bueno, pero yo no tengo una vida fácil para prepararme y hacer cursillos. Lo que hice tiene un valor.

„¿Estrellita Vitaminas se imaginó que La Sonrisa Médica llegaría a celebrar sus veinte años?
„¡Sí, sabía el potencial que tenía! No sabía en qué condiciones. De aquellos años a ahora ha cambiado mucho. Tuvimos que hacer un trabajo muy duro, apoyados en la información y formación de los payasos de París. Se aprende con el tiempo. El trabajo es el alma del clown. Se dice a sí mismo: En cualquier sitio me lo monto para hacer reír.

„¿El humor cura?
„Yo me tiro a la piscina, y digo que sí. Está descrito que si ríes respiras mejor, liberas endorfinas, el corazón late más rápido. Un buen ataque de risa te da un bienestar enorme. Cura, como también ayuda la actitud vital frente a la enfermedad. Son mecanismos que se retroalimentan.

„¿Qué le han enseñado los niños enfermos?
„Que la vida es divertida.

„¿Incluso si se tiene cáncer?
„Un niño con cáncer es un niño normal que tiene una enfermedad grave. Lo único que le diferencia, esa es la sensación que me da, es que tiene una mayor madurez que le sale de dentro, pero no deja de ser un niño. Recuerdo sus miradas de madurez, nos dejaban boquiabiertos.

„Susan Sontag escribió en su libro sobre el cáncer la cantidad de eufemismos que le rodean porque hay miedo a hablar de él. ¿Les ocurrió a los payasos?
„No, pero sí es cierto que frente a momentos muy duros, nos teníamos que proteger. A mí me ayudaba la disociación con mi personaje. Durante los primeros meses, en París nos dijeron que hay gente que vive hasta los ochenta años y hay gente que vive hasta los cuatro. La intensidad ha de ser igual. No hay que anticiparse si se va a morir. Claro que no es plato de gusto pero mientras hemos estado, hemos disfrutado, y eso es bueno extrapolarlo a tu vida personal. En La Sonrisa Médica aprendí a disfrutar de la vida.

„Usted es auxiliar en la planta de psiquiatría en Son Llàtzer. ¿En qué consiste su trabajo?
„Cuido enfermos mentales, me ocupo de su higiene, de su alimentación porque ellos físicamente son autónomos, requieren cuidados de otro tipo.

„¿Tiene clara la frontera con la normalidad?
„El concepto normal o no ya me lo planteaba antes de trabajar aquí. Para mí la normalidad es la de cada uno. Es típico de ellos que vean, piensan cosas que los otros no ven. Cuando tu ves claro que el cielo es de color azul y ellos dicen que no, me imagino qué desaladora es esa sensación de estar solo en el mundo.

„¿Qué piensa de lo que le ha ocurrido a la enfermera contagiada por el ébola?
„Ella no ha dejado de ser cabeza de turco. Me pareció una barbaridad que se trajeran aquí a los curas contagiados, costó un dineral, para nada, y a riesgo de contagiar a más gente. ¿Por qué no los curaron allí? Fue la demostración de la actual ineficacia política que se quiere cargar la sanidad pública.

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