Sa Torreta

El plan infinito para la plaza de España

14.11.2014 | 02:10
Los obreros aparecen para sustituir pizarra por mortero.
Los obreros aparecen para sustituir pizarra por mortero.

Robaremos el título de la novela de Isabel Allende para describir lo que está ocurriendo en la plaza de España. El ágora creada por Gaspar Bennàssar y destruida por el dúo de alcaldes Fageda-Rodríguez con la complicidad de la arquitecta Carme Pinós se transforma día a día... el problema es que lo hace a peor. Donde el arquitecto mallorquín delimitó parterres con recios y rectilíneos bloques de piedra caliza, la desafortunada reforma de finales del siglo pasado instaló hierros curvos. Donde Bennàssar puso orden, los políticos y la técnica organizaron el caos. Donde había una inteligente perspectiva para contemplar la escultura de Jaume I, obra de Enric Clarassó en 1927, se construyó un dislate de fuentes y losas de pizarra... Y en la pizarra estriba el origen del plan infinito municipal para reformar la plaza de España.

El suelo elegido por Carme Pinós –le atribuiremos la elección salvo que alguien pruebe que uno de los alcaldes bicéfalos intervino en esta parte del proceso– presentó problemas desde el principio. Uno: en cuanto caían cuatro gotas de lluvia se volvía altamente deslizante y solo apto para patinadores sobre hielo de probada experiencia. Dos: era, y es, muy endeble para soportar el paso apresurado de miles de ciudadanos al día. Y ahí empieza el plan municipal para sustituir losa a losa el empedrado de la plaza. El proceso es lento, muy lento, demasiado lento. Quizás no se prolongue hasta más allá de los tiempos, pero durará aproximadamente unos mil años. Sin exagerar.

Primero llegan los señores del ´spray´. Con ojo clínico del mejor de los oncólogos detectan las células enfermas –piedras rotas o bailarinas– y las marcan. Después es el turno del profesional de la paleta, que retira las losas defectuosas y las sustituye por mortero que a veces parece gris-verdoso y otras gris-gris. Una vez alisado, entra en acción un albañil con pulso de cirujano que marca una líneas que, a modo de trampantojo, intentan que el cemento parezca piedra.

Palma sigue maltratando este centro neurálgico de la ciudad. Ahora lo hace poco a poco... aunque se nota.

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Diario de Palma

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