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HEMEROTECA » |
LOURDES DURÁN
Murió a los 44 años. Un accidente de coche. Podía haberse ido ahogado en alcohol. Jackson Pollock eligió pintar desde el suelo. Sería más correcto describir su manera de hacer como un puro derrame. Perforaba los cubos de pintura y a goteo limpio llenaba hasta el horror vacui el lienzo. Le bautizaron como Jack the Dripper, un juego de palabras, en alusión a Jack the Ripper. Jack el goteador destripó la manera de pensar la pintura y dio un paso hacia la nueva abstracción. En él se han visto, aunque quizá no lo sepan, muchos grafiteros de ciudades. Como Pollock, sus piruetas requerían una "superficie dura". Por eso sé que Pollock estuvo de alguna manera en un garaje de Palma, por eso y porque él aguzó la mirada gracias a su amistad con el muralista Siqueiros.
Los grafiteros son, de alguna manera, muralistas, pero al serlo en territorio privado, en esas "superficies duras" que reclamaba el creador del action painting, por eso son también el blanco de la madre de todas las pedradas. Se les odia, desde los comerciantes porque dejan su sello en las vallas metálicas a los propietarios de fincas porque dejan el portal hecho un pesebre. Tampoco gustan demasiado a los políticos que gobiernan porque no saben qué hacer con un colectivo que va en aumento.
Algunos vendedores más inteligentes han decidido aliarse al ´enemigo´ y, asumiendo que la ciudad contemporánea es una selva de signos, les han contratado para pintarles las verjas, las cancelas, las puertas metálicas y sus vallas con un dibujo. Un grafiti.
A menudo se dice que los dibujos de los grafiteros son ´garabatos´ sin sentido. Parecidas lisonjas les han caído a tantos y tantos pintores contemporáneos. Su realidad pictórica es difícil de describir porque no ajusta a los medidas de la realidad. Pollock se liberó de los cánones de la composición y goteó lienzos con signos caligráficos mezclados con pictóricos.
Hoy se pagan millonadas por sus cuadros, en las subastas alcanzan cifras de muchos ceros cuando la puja empieza a alzar los dedos y los teléfonso están al rojo vivo. Hoy no se distinguiría un Pollock en un garaje en una calle cualquiera de Palma. Llegaría la brigada de la limpieza y le darían manguerazo.
No es un exabrupto. Lo hicimos con Joan Miró cuando por Pilar Juncosa hizo de esta isla su última morada, y como premio a que pusiera la mirada internacional sobre Mallorca le ignoramos como a un perro pulgoso. Ahora ya podemos andarle con Palma ciudad turística, publicitarnos con un logotipo, ese sí parece un garabato, que si no cuidamos nuestra educación y apostamos por cultivarnos, no saldremos de este bache. ¡Ni en 365 días!
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