conflicto en la platja de PALMA. los profesionales opinan sobre el controvertido plan de reforma
LOURDES DURÁN. PALMA.
La Platja de Palma, en pie de guerra. La franja de la ciudad playera supura pus. El proyecto o plan estratégico de reconversión de la zona, rubricado por un arquitecto estrella, el holandés Adriann Geuze, ha empezado a asomar la nariz. La cirugía afila bisturí. Los vecinos amenazados le han echado un pulso al poder. Éste ha dado marcha atrás y desde el Consolat de la Mar se ordena a Margarita Nájera, adalid de la operación, frenar los derribos de viviendas. Cort se alía con Francesc Antich y, además tiene la última palabra. La oposición no ha perdido comba y se suma a este Fuenteovejuna popular. Vecinos, políticos, hoteleros, todos han hablado. Falta escuchar la voz de quien, con su tiralíneas, conforma que vivamos mejor o peor: los arquitectos.
"Creemos una ciudad digna de nosotros mismos", escribió Gabriel Alomar, autor de la Reforma de Palma de 1943. Sólo que ciudad es un concepto tan abstracto que no favorece concordias.
"Si el proyecto de la Platja de Palma quiere ser revulsivo, y está claro que la situación turística de la zona está obsoleta, no puede limitarse a planes de embellecimiento. Hay que actuar de manera importante", subraya Lluís Corral, decano del Col·legi d´Arquitectes de Balears, quien no olvida que "la compensación económica a los afectados debe ser la justa".
Conocedor de primera mano de las bases del concurso puesto que quedó en segundo lugar con su proyecto Playa azul, playa verde, Juan Herreros atiende las dos dimensiones de la zona: "La Platja de Palma tiene un presente precario aunque funcione, y un futuro de pérdida de competencias competitivas". Por ello recuerda que "la arquitectura y el urbanismo tienen la obligación de ofrecer nuevas oportunidades de negocio y un nuevo modelo urbanístico". "La Platja de Palma es un fragmento de ciudad, no es sólo un destino turístico que sufre la estacionalidad", añade.
Como otros colegas, entiende que se den conflictos, aunque "como usuario de la isla", considera que "la Platja de Palma debe aspirar a ser algo más que un destino turístico de sol y playa, y para ello debe haber una renovación". Insiste, y así lo indica a los vecinos, que "con los realojos, podrán vivir mejor, siempre y cuando sean exigentes con sus condiciones".
Federico Climent fue jurado del concurso y conoce las bases. Se pregunta "qué queda de todo aquello" y reconoce que no sabe si el proyecto de Geuze las respeta. "Desde luego no estaban los derribos, por eso los que protestan tienen razón. Cuando hablas de esponjamiento no tiene sentido ir a pegar donde menos se necesita".
En una línea similar se sitúa Joan Soler Rebassa que saca a colación la carta de Atenas de Le Corbusier. En la misiva, el suizo recomendaba al oficio que "tras los desastres de estos últimos cien años, la arquitectura debe ser puesta al servicio del hombre, debe abandonar las pompas estériles y volcarse sobre el individuo". Soler, que suscribe el texto, considera que "la arquitectura y el urbanismo estrella están pasados de moda".
Mesura, tiempo y reflexión demandan tanto Ángel Hevia como Pedro Vaquer, ambos integrantes de mesas de trabajo en las que el Consorcio ha dividido este macro proyecto. "Considero enormemente importante que la gente, los diferentes afectados y desde luego sus representantes políticos se informen y estudien el tema de modo que las respuestas y las alegaciones no sean simplonas, sino enriquecedoras. El Consorcio debe hacer –ya lo está haciendo– un esfuerzo para que se conozca y debata. Como en cualquier proyecto, es imprescindible la goma de borrar, las demoliciones son un instrumento más a la hora de intervenir en un tejido urbano nada brillante en sus inicios y aún más degenerado con el paso de los años", expresa Hevia.
Por su parte, Pedro Vaquer advierte de que "ya TUI ha avisado de que no van a contratar hoteles de menos de cuatro estrellas. La vaca se nos está muriendo, y creo que no se deben poner pegas a derribar hoteles con menor viabilidad. En cuanto al derribo de viviendas son operaciones de cirugía urbana para esponjar, y en Can Pastilla está claro que se necesita intervenir, aunque es normal que te duela que te tiren tu casa". Les recuerda que "el principio es reubicarlos en la misma zona".
A juicio de Antoni Forteza, quien ya tuvo que lidiar con la oposición vecinal en la creación del Eje Cívico de Blanquerna, "estamos haciendo un urbanismo donde los vecinos tienen excesiva fuerza". Lo que no restan sus palabras comprensión a los afectados: "Defiendo que si ha habido un esfuerzo por plantear una reconversión de la Platja de Palma, creo que son propuestas razonadas, que a partir de aquí se hagan plataformas de debate a ver si hay propuestas alternativas, estará bien".
"Fallo en la gestión" es la crítica de Pere Rebassa, preocupado porque "se está dando una sensación de que las cosas se están haciendo mal".