MIGUEL VICENS
Cristina Cerdó tiene un regalo para ustedes, no sé si se han percatado. La presidenta de Emaya ha llenado la ciudad con 370 contenedores de basura subterránea, pequeños androides plateados del tamaño de r2d2 que conforman un nuevo sistema que nada tiene que ver con los clásicos depósitos de plástico de recogida selectiva, ni tampoco con la, por lo visto, ya anticuada recogida neumática que en su día torturó a los residentes del casco antiguo. En la política como en la vida es bueno tener la mente abierta y buscar la virtud en la variedad, aunque luego el ciudadano no entienda los vaivenes y caprichos municipales. Cristina Cerdó tiene un regalo para ustedes, les decía. Pero a la vez tiene un problema mucho mayor. Tras instalar los 370 contenedores en Palma se ha visto obligada a retrasar la inauguración de 249, que aún siguen con su embalaje de plástico, porque no ha podido comprar todavía los cuatro camiones que precisa para dotar el servicio. Nada, un pequeño fallo de previsión presupuestaria que todo el mundo comprenderá, aunque estemos a marzo, el ejercicio no haya hecho nada más que empezar y Emaya maneje cada año un presupuesto en torno a los 140 millones de euros.