MIGUEL VICENS
Hay más prisa por regenerar a Unió Mallorquina en los partidos mayoritarios que en el seno de la propia formación regionalista. Antich la echó del pacto de gobierno y pidió perdón a los ciudadanos por el bochorno institucional que su caída provocó, pero al día siguiente pactó tan tranquilo con el partido de Melià el reparto de cargos en la presidencia del Parlament. Y mientras ataca al equipo de gobierno en Cort con toda una batería de recursos judiciales, el impaciente José María Rodríguez también está dispuesto a dar todo el oxígeno que haga falta a UM, buscando en la cúpula regionalista el apoyo que necesita para presentar una moción de censura. Sin embargo, hay otros factores que pueden jugar en contra de ese entendimiento programático que UM estaría dispuesta a alcanzar si el PP y Rodríguez dan el paso al frente. El primero es el impredecible devenir de los casos judiciales en curso, que pueden cambiarlo todo en un abrir y cerrar de ojos. El segundo es el dictamen final de la dirección nacional del PP sobre el asunto, pues no vale para nada lo dicho hace un mes. Y el tercero, y no menos importante, el resultado de las auditorías que el equipo de gobierno de Cort está realizando con lupa en todas las áreas de Gobierno que tuvo UM, incluida Emaya, el fortín de Cristina Cerdó.