CARLOS GARRIDO
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A nadie se le ocurriría suponer que la diferencia entre lo lleno y lo vacío es psicológica. Pocas cosas parecen más físicas, más mensurables, que un espacio lleno y otro vacío. Pero no siempre es así. Existen dimensiones paralelas donde las cosas no están tan claras, y aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, nos influyen.
La ciudad nos proporciona día a día múltiples ejemplos. Las avenidas y paseos, a una hora punta, están llenos. De acuerdo. Pero si te internas por las calles del casco antiguo a las dos de la madrugada, por ejemplo, lo encontrarás todo vacío. Pero no "vacío-vacío". Sino "lleno" de vacíos. Lleno de resonancias actuantes.
Caminas y tus pasos resuenan por los callejones. Las farolas proyectan unas sombras geométricas, como de película expresionista. La humedad, los pequeños ruidos. Todo te da la sensación de que estás rodeado de algo invisible. Mejor dicho, de muchos "algos" invisibles. Será por esa sensación de sentirte observado, por ese peso del silencio que cae sobre tu espalda, por la alteración que ante el menor ruido gatuno te pone en alerta. Aquello no está vacío y tú lo sabes. Por eso sientes esas experiencias y acabas teniendo miedo de tus propios pasos.
Otro ejemplo palmario son las casas abandonadas o condenadas. Es una experiencia romántica común a mucha gente. Colocarte delante de la puerta y pensar: "¿Quién vivió aquí? ¿Qué pasó entre estas paredes?" Si puedes atisbar por un agujero, sólo ves un interior en ruina, haces de luz que atraviesan los agujeros del tejado, muebles deformes, polvo, basura. Pero al mismo tiempo qué cantidad de contenidos, cuántas sensaciones. Una casa abandonada está llena de recuerdos que no tienen nada que ver con los de la gente que allí vivió, sino que son los tuyos. Tus propios contenidos proyectados en el escenario de la desolación.
Llevas allí tus miedos, tus melancolías, tus recuerdos. Porque la oscuridad llama a la oscuridad, y los fantasmas llaman a los fantasmas.
Vas al piso de un amigo, lleno de muebles y de cosas, y está vacío de presencias. Entras en una de esas casas condenadas, y te espera una multitud de sugerencias supranaturales.
Ya lo dijo Tales de Mileto: "Todo está lleno de dioses".