JOAN RIERA
RIERA.DIARIODEMALLORCA@EPI.ES
El 19 de diciembre de 1931 la sociedad anónima Autobuses la Libertad inauguró una nueva línea que unía Palma con la Llibertat y Son Ferriol. Curiosamente, el mismo día la empresa Autobuses Populares inauguró con "tres hermosos" vehículos Chevrolet el servicio entre Palma y El Terreno. Tras constatar la sintonía de los nombres de las compañías con los recién estrenados tiempos republicanos, conviene que el lector repare en uno de los núcleos de la ciudad a los que se prestaba transporte motorizado: la Llibertat. ¿Qué barrio o urbanización es la Llibertat? Ha desaparecido por completo de la toponimia urbana actual y solo encontramos escasas referencias en algunas notas de prensa de la época y en unos pocos estudios sobre historia local durante la II República.
La Llibertat es identificado en algunos textos solo con la Soledat. Otros extienden el topónimo a Son Nadalet, el conjunto de casas que creció al otro lado de la calle Manacor, en las inmediaciones del antiguo hostal de Can Blau.
La Soledat debe su nombre al convento de los frailes mínimos construido a finales del siglo XVI. El cenobio fue abandonado y derribado un siglo después y la iglesia pasó a depender de la parroquia de Santa Eulàlia. Cuando a mediados del siglo XIX comenzó la parcelación de s´Hort des Ca, el nombre vecino se expandió al caserío en el que se edificaron las fábricas de telas de Vicente Juan Rosselló –Ribas–. Son Nadalet, es un topónimo que figura en el plano del proyecto de Eixample de Palma de 1901 y que, según Gaspar Valero, corresponde a un antiguo rafal que confrontaba con las carreteras de Sineu y Manacor.
Con el advenimiento de la II República y tratándose de un barrio obrero, fue rebautizado como la Llibertat, aunque lo cierto es que en las crónicas de la época es frecuente que se añada "popularmente conocido como la Soledat". Libertad es una bella palabra y por eso Cervantes la glosó en el Quijote: "Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida". Sin embargo, una vez más se demuestra que los topónimos no se imponen, sino que fluyen entre los ciudadanos.