PILAR GARCÉS
La ciudadanía debe respirar: Palma funciona sola y no sólo los días laborables. No necesitamos dirigentes, de modo que quienes cobran por dicho empleo pueden entretenerse en diseñar mociones de censura y los chalecos antibala para frenarlas. No sé cuánto tiempo dura la inercia. Lo mismo hasta las próximas elecciones, o tal vez el lapso es menor, similar al de la retirada del agua previa al tsunami.
La nave va, y para muestra un botón. La pasada Diada de Balears salí de casa dispuesta a aprovechar el tiempo, aun a expensas de perderme el discurso de Antich en el Parlament pidiendo disculpas por el lamentable espectáculo de sus ex socios políticos dimitiendo por presunta corrupción. Hice bien en no prestarle oreja al President, pues en ocho días ¡ya ha vuelto a pactar con los mismos! ¡Las ideas de este hombre caducan antes que el jamón de york de oferta! A lo que iba, me encontré el videoclub, la farmacia y el supermercado cerrados. Lógico en un festivo. Cuál fue mi sorpresa al regresar al hogar y hallar en el buzón la notificación para pagar el impuesto de circulación. ¿Qué fue del tercer mandamiento, santificarás las fiestas? ¿No cursa para la tributación? ¿No nos pueden dejar en paz ni en esa Diada que tanto celebran? Ignoro quién se llegará a gastar el dinerito que apoquinamos, pero ahí está puntual el aviso. Como un clavo. Es como para sentirse muy, muy tranquilos.