JOAN RIERA
RIERA.DIARIODEMALLORCA@EPI.ES
Hubo un tiempo en que don Carnal tomaba la calle y aprovechaba los darrers dies antes de que sa Jaia Corema le echara con cajas destempladas. Hoy es Carnaval todo el año y la vieja refunfuñona de siete piernas y bacalao en ristre ha quedado desterrada de una sociedad dominada por el hedonismo. No siempre fue así. En algunas épocas, casi siempre coincidentes con una dictadura, la crítica nacida de la juerga carnavalesca era ingrata al poder, que prohibía los días de desmadre y prefería 365 de ayuno de libertad. Sa Rua desapareció con el franquismo y renació con la democracia. Sin embargo, no fue la única prohibición sufrida por el carnaval palmesano.
En los primeros años del siglo XX se celebraban bailes en sociedades como La Veda, el Veloz Sport Balear, la Asistencia Palmesana o la Protectora, aunque en palabras de Santiago Rusiñol eran "tan prudentes y tan alejados del pecado" que todos los padres "debieran acompañar a sus criaturas a estas fiestas para que quedasen escarmentadas de virtud para toda la vida". La auténtica algarabía estaba en la calle.
En 1922, un año de convulsiones sociales que transcurre entre el desastre de Annual y la dictadura de Primo de Rivera, el Gobierno español prohibió las fiestas de carnaval. El objetivo era evitar algaradas y críticas a la acción gubernamental, pero en Palma generó un profundo rechazo. El desencanto se tradujo en un hecho insólito, tres periódicos de la ciudad –La Almudaina, El Día y La Última Hora– publicaron un editorial conjunto de disconformidad. El Correo de Mallorca, propiedad del Obispado, se abstuvo por razones obvias.
Los diarios expresaban su "disconformidad con las disposiciones emanadas de la superioridad restringiendo la forma y modo cómo se celebraba el Carnaval en nuestra ciudad". La irritación contra la "mutilación" era tan evidente que se escribía un rotundo "no hay derecho" y se exigía que se estudiara "la forma de poder volverlo a implantar".
¡Qué tiempos aquéllos en que el Carnaval era tan importante y tenía tanta capacidad de unir a los medios como el Estatut de Catalunya!