LOURDES DURÁN
Me gustan las ciudades que aún te dejan escuchar el eco de los pasos. Me gusta Palma, los domingos por la mañana, porque las pisadas sustituyen a los bocinazos. Cuando media urbe se ha puesto el disfraz de excursionista o ha empaquetado la paellera para darle fuego en la segunda residencia, los de ciudad tomamos sus calles. Tras el asalto del primer café con leche de la mañana, porque como cantó Manu Chao, ´me gustas tú´, ciudad extraña, cuando estás desvanecida, que escribió Marius Verdaguer.
Descubres que no eres la única, y atrás dejas los mosqueos de los que se mueven con dos ruedas que, córcholis, cada vez adoptan comportamientos similares a los que se montan en cuatro. Pedaleaba una mujer, cincuenta tacos, por echarle una edad, uniformada de arriba a abajo como está prescrito en los manuales del nuevo ´modelo de ciudad´: casco, mallas, i-pod. Atenta a la urbanidad, se detuvo en el semáforo del carril-bici. No muy lejos, se le acercó una familia pedales, con crío incluido en el sillín. Cuando el padre alzó la vista, la mujer solitaria se giró y le espetó, mosqueada, ¿qué miras? ¡Glups! En realidad, papá pedales sólo atendía a que el niño siguiese encaramado en su sillín naranja y no lo hubiese perdido en una curva. ¡Condición humana de mis amores, ni una tregua te das en domingo!
Te la da Ca´n Joan de S´aigo, donde leer las corruptelas de unos y otros, se digiere mejor con un chocolate y un cuarto. O te la dan Marco Fatai y Estefania Paganoni, dos milaneses que han escapado del frío y han dejado atrás su negocio cercano al Duomo para pegarse a las faldas de la muralla. Su café-restaurante Dalt Murada es una sorpresa en un casco antiguo que no para de clausurar negocios. Atienden desde el 31 de octubre, aunque anduvieron de reformas, rubricadas por el arquitecto Alberto Sánchez, año y medio. Con todas las licencias del mundo, celebran "la excelente acogida" a este asidero alojado en los bajos de la casa que levantó Gabriel Alomar, probablemente una de las estampas más inmortalizadas por el clic de cualquier viajero. La clientela, "de alto nivel adquisitivo", subraya Fatai. No en vano, el vecindario colinda con la calle "más cara de Europa", la Murada, donde se rememora en una loza el primer asiento de las Vidrieras Gordiola.
Adelantan los milaneses que, a partir de abril, organizarán, de 20 a 22 horas, su happy-hour, barra de comida libre donde sólo pagarás la bebida. Se me arruga la nariz. Les sugeriría que cambiesen el apelativo porque tenemos malas experiencias con el anglicismo. Mientras, mantiene el remanso de las horas bajas, a precios que no son, por fortuna, sólo aptos para los ricos de esta milla dorada empedrada.
Las escaleras de la discordia. Los vecinos del Mercat del Olivar andan revueltos. Una vecina, Francisca Victoria Córcoles remite su alarma. Hija y nieta del barrio, se va a manifestar hoy a pie de escalera del mercado. Cuenta que van a darle a la piqueta a la escalinata que da entrada al mercado por la plaza Comtat Rosselló. Como ella, la florista María Torrens, tres décadas de mercadera en la plaza, pondrá su grito en el cielo "para evitar que se carguen este elemento de toda la vida, protegido, porque, según nos cuentan, quieren abrir una plaza de aparcamiento". Perplejos, los vecinos, porque "ya existe una entrada para los camiones de carga y descarga", se darán hoy el madrugón para elevar su protesta antes de que los albañiles horaden con el martillo.