La utilización de gas natural como combustible permite un importante ahorro energético, pese a que inicialmente cada unidad de bus tiene un sobrecoste de entre un 15% y un 20%. Si comparamos las emisiones de gases contaminantes de un vehículo diesel con uno propulsado con gas natural, se produce una reducción de un 16% de dióxido de carbono, un 25% de monóxido de carbono, un 92% de óxidos de nitrógeno, un 81% de partículas y de prácticamente el 100% de dióxido de azufre. El motor propulsado por gas natural también es más silencioso que el que utiliza como combustible diesel. Los estudios realizados al respecto indican que un motor diesel a un metro de distancia genera un nivel sonoro de 95 decibelios , mientras que uno propulsado por gas natural emite 90 decibelios, cinco menos, lo que significa que provoca menos de la mitad de ruido que el primero. El gas, más ligero que el aire, se almacena en unos depósitos situados en el exterior de la parte trasera. La tecnología que utilizan los vehículos adquiridos por la EMT está muy experimentada, puesto que existen actualmente unos 4.000 autobuses similares en funcionamiento.